jueves, 26 de marzo de 2009

Hace más de veinte años

22

Ya no quedaban transeúntes en las calles viñamarinas, sólo los militares marchaban y acechaban el actuar de esta ciudad dormida, anestesiada en un frio invierno, tan doloroso como lo habían sido los últimos catorce años. Pero así eran las cosas y había que responder frente a los que mandan, aunque sea vendiendo los ideales de adolescencia. Él lo sabía bien.
Prefería cuando todo esto era sólo un inocente descubrimiento y no se habían metido los militares y... él.
Las instalaciones estaban escondidas a la luz pública, por lo que Julio debió estacionar su auto lejos de ahí, para no levantar sospechas. Caminó hasta llegar hasta lo que alguna vez fue un frigorífico, custodiado por un militar parado ahí, con fusil en mano
- Identifíquese- dijo el joven uniformado

- Cortés- respondió Julio

- ¿Y a que viene?- dijo el militar

- Vengo por inteligencia- respondió un tanto abrumado

- Ok, pase- aseveró el hombre



***


- Parrita- dijo una secretaria que lo conocía de hace algún tiempo- Don Reinaldo te busca

- Uff- dijo el hombre de unos treintitantos- voy

Manuel iba con la mirada baja. No quería perder el empleo por salirse ahora de lo que se había metido, su hijo venía en camino, su mujer y su pequeña necesitaban que él llegase con dinero a casa, sin importar lo que hubiese hecho.

Al salir, se apretó la mano con la puerta, haciendo que esta se hiciese añicos, como ya llevaba pasando desde que participó de aquel experimento, contra su voluntad, obligado por su jefe. Nada podía herirlo, él lo sabía, podía asesinar a su jefe cuando quisiera, pero no; necesitaba el dinero.

-Don Reinaldo, acá estoy, como me mandó a llamar- dijo con voz sumisa el aun joven

- Ya¡ te llamé pa' lo que su ya sabis'- dijo con voz fuerte su jefe

- ¿Qué cosa?- preguntó Manuel

- ¡No preguntis' hueas'!- grito algo ofuscado- lo del proyecto con los milicos, necesitan la muestra de sangre de tu mujer y tu hijo.

- ¿La tengo que ir a dejar al cuartel?- preguntó el hombre moreno

- Sí, y quédate a la reunión, necesito un ojo ahí- dijo seco- tengo que ver en qué se gasta mi plata

- Por supuesto señor Sánchez- asintió "obligadamente humilde" Manuel, mientras salía de la fría oficina.

El viento de Reñaca alto soplaba fuerte, como si lo estuviese empujando, no sabía si a la inercia de la obediencia a su patrón, o a algo más, pero debía mantener su trabajo. Lo sabía.


***


Playa Ancha estaba helado, bueno, como lo es hasta el día de hoy, y a pesar de que el molo lleva el epíteto de "abrigo", no, le hacía honor al nombre.

Eduardo, hombre de mediana estatura, mediana edad, estaba de guardia; en el peor día de la semana, el más frío, el más anodino. Pero así eran las cosas, él pensaba que así siempre han marchado las cosas, con rigurosidad, y trabajo duro, se sube en la marina, más aún en las circunstancias en las que estaba el país.

Se sacó la gorra, para rascarse la cabeza, junto con un gran bostezo de aburrimiento, habían pasado cuatro horas desde que las instalaciones habían cerrado y ya no había ni un alma en el área.

Viéndose solo, Eduardo comenzó a experimentar con sus extrañas habilidades, produciendo pequeñas ascuas que derivaron en dos grandes flamas de fuego desde sus manos, mientras que su cuerpo comenzaba a levitar a unos veinte centímetros del suelo.

- ¡Cortés!- se escuchó desde el estacionamiento

- ¡Para! - ¿Qué?- respondió exaltado- ahh menos mal que eres tú, Cuadra

- Acuérdate que se nos prohibió estrictamente utilizarlos- dijo, Francisco, de similar edad, un poco más robusto que Eduardo

- Estaba solo- respondió serio el hombre que tomaba su gorra- y nadie miraba

- Las cámaras- respondió apuntando al techo- ahí hay una que instalaron luego de la orden del señor Merino - Han cambiado demasiado las cosas, un rojo de mi barrio me dijo que no va para más de tres años- dijo Eduardo

- Y luego hay que esperar que no se filtre que lo sucedido en Achupallas el año pasado- adujó Francisco

-Shh- que alguien puede escuchar respondió rápidamente el cabo Cortés

- ¡Me carga mentir!-dijo el especialista en comunicaciones- y alguien se va a enterar que nosotros hemos tenido que desaparecer a todos esos...


-¡Cállate Francisco!- replicó el cabo, en el momento en que una camioneta se acercaba y detenía

- ¿Cabo Cuadra? ¿Cortés?- dijo un militar que venía en el vehículo

-Afirmativo- replicaron los jóvenes uniformados

- El señor Bernard Cortés los espera en las instalaciones- dijo serio el chico, que no aparentaba más de 25 años- en Salinas está todo preparado.

Sin decir más, ambos hombres se subieron a la camioneta de color negro y partieron, a la tan anunciada reunión, que supondría la evaluación del proyecto.



***


- ¿Tu crees que accederán a que sus hijos sean sometidos al proyecto?- preguntó Bernard sentado desde una esquina de la sala de juntas del recinto militar.

- Si saben lo que es bueno para sus hijos, entenderán- respondió Ana, mientras miraba cabizbaja las baldosas rojas- y si no lo saben a voluntad siempre es fácil de flaquear.

- No quiero que uses tus habilidades con ellos- dijo riendo el hombre de cara apacible- aún no investigamos si hay algún efecto adverso en lo del control mental.

- Como quiera señor Bernard- respondió la muchacha, de apellido Komatsu- ¿Le traigo algo más?

- A Pérez- respondió- no ha vuelto de la misión que le encargamos

- Volví hace media hora- respondió el soldado que estaba custodiando la puerta en el momento que sus músculos faciales cambiaban de posición con rapidez, hasta lograr su posición original: el rostro del hombre de apellido Pérez - son ustedes los que se demoran, ¿o no jefe?

- Basta ya de bromas que la reunión va a empezar- dijo serio el supuesto jefe- ¿Ana? ¿Cómo me vería con barba?

Mientras tanto, en la recepción comenzaban a llegar los sujetos que estaban incluidos en el proyecto. Los jóvenes militares, Francisco y Eduardo eran custodiados por dos soldados, mientras que por otra puerta, ingresaba Manuel, junto con Julio, quien ya estaba en las instalaciones.

- Te veo mal de ánimo Manuel- dijo Julio, estrechando la mano.

- Trabajo- respondió seco el hombre- y depende mucho que yo siga ahí esto...

-¿Esto?- interrumpió Julio- Los informes marcan que tú eres el mejor evaluado, pronto acabará esto para ti

- Disculpa que lo diga, pero... no seas iluso- respondió con mirada fija- puede que yo sea el mejor evaluado, pero... lo que hemos hecho... que Dios nos perdone, porque ni yo consigo hacerlo.

- Cortés, Parra, la reunión va a empezar- dijo Ana, acercándose a ambos muchachos, sonriéndoles de la manera apacible como siempre había hecho las cosas.

Y así, la sala de juntas de la instalación militar se fue llenando con los integrantes del proyecto, sentados en una larga mesa, en la cual, Bernard a la cabecera y Ana a su derecha, presidían la reunión.

- Buenas noches en primer lugar- comenzó Bernard- estamos acá reunidos con el fin de analizar como concluiremos el proyecto Nuevo Ser, en el cual ustedes fueron los exitosos sujetos que fueron mejor evaluados, por lo menos los que quedaron con vida.

- Señor Bernard- interrumpió Ana- fíjese lo que dice

- Tranquila mujer-dijo el tipo de manera sonriente- todos somos adultos responsables de que firmamos y en que nos metemos, ¿estoy en lo cierto?

Las personas ahí reunidas murmuraban unas con otras. Existía un aire de incertidumbre en el aire, por lo que Bernard se esforzaba al máximo para demostrar tranquilidad, él lo sabía, si él caía todo el proyecto se iba a la basura, y muchas cosas se harían públicas, incluso las más sórdidas.
- Julio- dijo el líder- es hora que des tu parte en esto
- Sí señor- respondió- como todos ya sabemos, los límites del cambio en nuestros genes es desconocido, y como dicen las muestras que les pedimos a todos, no han terminado
- ¿A qué se refiere con eso Sr. Cortés?- preguntó la mujer de apellido Parraguez, de mediana estatura, otra integrante de los experimentos
- Me refiero a que el mismo gen mutado que te permite cambiar la consistencia de tu cuerpo a voluntad, puede provocar otras consecuencias no previstas- respondió serio, dirigiéndose a la mujer.
- Por eso, ante cualquier síntoma imprevisto, repórtense conmigo o con Julio- dijo Berta, mujer de Julio, mientras ordenaba los expedientes.
- Te ayudo- dijo Ana
- Gracias- respondió la mujer de pelo largo
-<Berta, Julio, Manuel, escúchenme>-dijo Ana, en sus mentes, utilizando sus habilidades-<se que pueden escucharme, Eduardo, Francisco, ustedes también pueden, y pueden hacer un cambio si desean, respóndanme por favor>
-<Te escucho>- respondió en su mente Julio y Manuel, casi al unísono
-<Te escuchamos todos creo>- replicó Eduardo
-<Entonces, no seamos títeres de nuevo, no hagamos el trabajo sucio de estos asesinos>- dijo Ana, emocionada en sus cabezas-<al salir hay una sorpresa, síganme la corriente y acabaremos con esto>
Todos asintieron, algunos con la mirada, otros con un vehemente sí en sus cabezas. Sí que sólo Ana podía escuchar. Por suerte
Y hubo un gran silencio en la sala, no sólo de sonidos o palabras, sino un silencio espiritual, mental. Como si todos se prepararan psicológicamente para lo que venía, y no era menor, era la decisión que cambiaría sus vidas. Pero no se lo tomaron a la ligera, sabían que no sólo su vida dependía de esto, sino también la de sus futuros hijos, en algunos, o la de las personas que amaban, en otros.
La reunión acabo tras ese incómodo silencio. Bernard dio la salida tras conversar con el Teniente Ramírez, representante del gobierno en la operación. Los hombres y las mujeres coludidos con Ana salieron fingiendo estar tranquilos
En la entrada principal, se vieron cercados por una tropa de más de treinta soldados, con fusil en mano, apuntándolos.
- ¡Salgan de mi camino, soldados!- gritó con ofuscación Bernard, poniéndose a la defensiva entre el teniente y Ana
- ¡Es una orden directa de su superior!-replicó Ramírez, intentando parecer seguro-¡Irán a corte marcial y el mismo general lo sabrá en Santiago!
- No creo que lo escuchen, jefe- dijo Ana, haciéndole un gesto a los soldados, gesto que respondieron como orden, acercándose al militar y a el líder del la organización- chicos, Julio, creo que ya saben qué hacer.
Ese instante que siguió al anterior, pareció haber estado pintado por el comiquero del destino, por lo preciso de los actos. Todos pusieron su habilidad en servicio de algo bueno, una redención a un grupo de buena gente manchada con sangre de inocentes, por miedo, por dinero.
Manuel tomo una viga de acero, y se acercó a Bernard, quien tomo su revólver y disparó, más las balas no dañaron la piel del hombre de Sánchez
- Tú y tu gente me hicieron así - dijo Manuel a Bernard y al militar atándolos con la viga, doblándola como si fuera de papel, haciendo patente su fuerza sobrehumana
Por otro lado, Francisco levanto su mano y apuntó a las cámaras, sus ojos se envolvieron en datos, conectándose con los sistemas eléctricos de las instalaciones, borrando las grabaciones de seguridad y los cercos eléctricos, dejando salir a gran parte de los hombres y mujeres, prisioneros políticos encerrados en aquel lugar.
Pérez, tomó la forma de Ramírez, acercándose a Manuel, quien acababa con la viga, puso una mano sobre el teniente y dijo:
-Vamos, déjame copiar tus recuerdos, creo que el proyecto será cerrado por... digamos un ¿atentado del Mir?, ¿Que les parece, Ana? ¿Julio?
- Perfecto- respondió la mujer, controlando a los jóvenes conscriptos- llévenselos al estacionamiento
- Esto se acaba aquí - dijo Eduardo, elevándose en el aire, por sobre de las instalaciones
-¿Necesitas leña?-preguntó Manuel, levantado dos camionetas del ejército, lanzándolas contra el edificio
- Déjenme ver si hay alguien más dentro- dijo un chico, que estuvo con ellos, que en un instante corrió adentro, reviso todas los cuartos de la gran instalación y salió- no hay nadie
-Procedamos- dijo Francisco alejándose del lugar
- No dejemos pruebas- dijo Julio, lanzando los expedientes dentro de uno de los autos que lanzó Manuel
-¿Ya?-preguntó Eduardo, desde las alturas
-<Ya>-dijo Ana en su mente
Al instante, el joven marino envolvió en llamas el edificio, haciendo estallar todo el lugar, a causa de la gasolina ahí puesta, de manera estratégica por Francisco. No quedaba huella del proyecto nuevo ser, era historia, o mejor aún: no lo era


***

-¿Y ahora qué?- preguntó el de la inteligencia sobrehumana
- No se Julio- respondió Manuel, limpiándose las manos
- Yo si sé-dijo Ana- esta no era la única instalación, lo averigüé la semana pasada
-Yo lo vi en los recuerdos de Ramírez- dijo Pérez, en la forma del militar calcinado- hay más instalaciones y mas sujetos experimentales como nosotros
-Pero también sé que sólo Bernard y el milico las conocían- dijo Ana, poniéndose un abrigo rojo que llevaba en las manos- sólo lo sabemos nosotros
- Eso es peligroso- dijo Francisco- piensen que si hay más instalaciones, pueden haber más como nosotros, hay que detenerlos
-No- dijo Berta- tengo una familia en camino y no los arriesgaré
- Desaparezcamos- dijo Manuel- volvamos a nuestras vidas antes de que conociésemos a Bernard
- Y los... ¿poderes?- dijo Eduardo- que haremos si se manifiestan
- Las habilidades son representaciones psicogenéticas de tensión en situaciones difíciles- dijo Julio- en cualquier momento se manifestarán aunque no quiéranos
-Psico algo dijiste ¿cierto?-interrumpió Ana- si vienen del cerebro puedo controlarlas, contenerlas
-¿Puedes hacer eso?- dijo el "nuevo Teniente Ramírez"
- No si no la ayudo- dijo Eduardo-recuerden que puedo potenciar sus habilidades, ya lo he hecho
Eduardo puso sus manos en la sien de Ana, la que en ese instante cerró los ojos, concentrándose en la neurona desconocida, alterada genéticamente, para bloquearla, para evitar el uso de estas armas tan peligrosas para el mundo que habían significado estas habilidades
El fuego aun no se apagaba. Las llamas limpiaban todo como de costumbre, tal como sabían hacerlo. Y como en el futuro sabrán hacer. Los hombres y mujeres ahí reunidos, decidieron no perder el contacto, para saber si los efectos secundarios, explicados por Julio se hacían patentes.
El frío empezaba, a pesar de que para el país era una época intensa, así era, hace más de veinte años...


***

miércoles, 28 de enero de 2009

“El chico que se niega a morir”


21

Hacía frío, y aparte estaba completamente acabado luego del entrenamiento; Damián no sabía que era o que la había pasado al entrenador, pero a su parecer se le había pasado la mano… quizás frente a la inminencia del campeonato nacional.
El chico tomó su bolso y salió de los vestidores, despidiéndose de todos sus compañeros del equipo de remo. Era hora de salida, todos volvían a sus hogares, incluido él.
- ¿Alo?- contestó Damián su celular
- >¿Damián?(estática), soy yo tu hermano<- se escucho del otro lado de la línea
- ¿Cristóbal?- dijo extrañado el chico- se escucha pésimo
- >Es que estoy un tanto… alto<- respondió su hermano
- Ah, entiendo- dijo Damián- ¿qué pasa?
- >Apúrate, voy llegando al Miramar<- dijo serio su hermano- y llama a los otros
- ¿Y pa’ qué?- inquirió extrañado el chico espigado
- >Porque… (estática)… estamos en peli… (estática)<- alcanzó a decir Cristóbal antes que se cortara la comunicación
- ¿Alo, alo?- dijo Damián, antes de guardar su teléfono celular

Hoy, ni su madre ni su hermano lo vendrían a buscar, estaban evidentemente muy ocupados hoy. Se tendría que ir a pie. Era un tanto largo el viaje, pero tenía que pagar el haber olvidado su billetera.
Caminó un poco y noto algo extraño; no estaba solo, lo estaban siguiendo. Una camioneta negra como la que vio aquella mañana, le seguía los pasos desde hace unos cinco minutos, desde un cruce en el camino.
Aceleró un poco los pasos hasta que en un paradero encontró un colectivo parado, esperando pasajeros. La camioneta se detuvo.
Tras convencer al colectivero que le pagaría al llegar a su destino partieron. La camioneta negra aceleró hasta quedar al lado del vehículo, Damián no podía contemplar el rostro de su persecutor, pero suponía la identidad. Los rostros de la gente aquella mañana había que dado grabada en su memoria.
- Pareces ser una buena persona- dijo el conductor
- ¿Perdón? – dijo extrañado Damián
- Sí, te digo- respondió- pero esos tipos pagan bien, y tengo una familia que mantener…
- ¿Qué?- alcanzó a decir cuando noto que la camioneta negra había cerrado el camino, y el colectivo estaba bajando la velocidad.
Damián se sintió encerrado. Por un lado el vehículo y por otro… ellos. No sabía qué hacer ni que decir, solo una loca idea pasó por su mente. Con el pie, pisó fuertemente el acelerador del vehículo, haciendo que se estrellara violentamente contra la camioneta negra, causando una gran explosión…
De entre el fuego y los fierros retorcidos, salió Damián, envuelto en llamas, con su cuerpo calcinándose poco a poco. Se lanzó al suelo, apagando las llamas, para que su extraña habilidad hiciese lo suyo… y lo hizo, con cada vez más rapidez, se regeneraron todas las heridas y quemaduras. Con un grito de dolor, se sacó un fierro que tenía enterrado en el brazo izquierdo, enderezó su pierna quebrada, con más dolor aun y viéndose bien, comenzó a caminar.
Estaba exhausto. El dolor al cabo de media hora había acabado, ahora sólo era cansancio. Estos ataques eran cada vez peores y ya estaba harto. Sacó su teléfono celular para llamar a su hermano y notó que estaba completamente calcinado, lo botó y continuó su camino.
En otra esquina, encontró una camioneta igual a la anterior. En el momento que estuvo al alcance visual de ellos, partieron en su persecución… nuevamente
Damián comenzó a correr despavorido por la carretera, sintiendo las balas en su espalda, hasta que una impactó su pierna izquierda, haciéndolo caer.
- Sé que eso no te matará- dijo una voz cerca de él- ya lo hize una vez ¿Recuerdas? Eres el chico que se niega a morir
- Obvio- dijo Damián asustado, notando que estaba rodeado de esos soldados que ellos tenían
- Yo no soy tan suave como Bernard- dijo el tipo- no pregunto si vas por las buenas o por las malas, ¡Ponte de pie!
- Está bien- dijo resignado el chico, notando que su pierna ya estaba sana y la bala en el suelo
Caminaron hacia la camioneta negra, cuando de repente, aparecieron tres personas de la nada, eran Anthony, su hermana Belén y un tipo que Damián no conocía
- El del medio y el de la izquierda tienen un 73% de probabilidades de disparar con éxito, el resto menos de un 25%- dijo el joven que estaba junto a Anthony
- Gracias Cuadra- dijo, antes de hacer un gesto con la mano, haciendo volar a los soldados que Francisco, su amigo le había indicado- Damián, ven
- Apúrense, vienen más- dijo Belén, viendo que bajaban más soldados desde otra camioneta
- Si lanzas la camioneta vacía en un ángulo de 35 no habrá explosión inmediatamente, lánzala así mejor Bily- aconsejó Francisco
- ¿Cómo puede saber eso Bily?- preguntó extrañado Damián
- El sabe lo que dice- respondió Anthony, mientras lanzaba la camioneta con la mente- y es de los buenos, eso es todo lo que necesitas saber
En ese momento, la camioneta cayó de cabeza sobre la otra con gran estruendo, pero sin explosión inmediata, tal y como Francisco había calculado. Los soldados poco a poco estaban siendo neutralizados por Anthony, quien por lo visto, había estado practicando.
- ¿Quién es él?- pregunto Damián
- Damián- Cuadra, Cuadra- Damián – dijo Anthony mirando a sus amigos- suficiente presentación
- Sí, vámonos- dijo Belén- yo les doy… digamos un aventón, todos tóquenme el hombro
- A ver…- dijo Cuadra cerrando los ojos- 100% de llegar con éxito
- Ok vamos- dijo Belén sonriendo
En ese instante, desaparecieron del lugar instantáneamente. Estaban siendo teletransportados por la habilidad de Belén. Seguramente ya estaban a salvo. Por ahora al menos.
Aquella calle permaneció en silencio por unos instantes, sólo se escuchaban los gemidos de los soldados, acribillados por fracturas y azotones. Los chicos habían triunfado esta vez, pero quizás mañana no pasaría lo mismo.
Las dos camionetas impactadas, luego de unos minutos hicieron explosión, haciendo que el lugar quedara envuelto en llamas. Las cuales nunca habían significado algo bueno.

***

martes, 6 de enero de 2009

"Atrapame si puedes"


20


Había pasado un tiempo desde que supieron algo, desde la junta, la vez que los chicos fueron atacados por ellos. Sean quienes hayan sido no venían con buenas intenciones.
Eduardo se encontraba en la casa de Cristóbal y Damián, por lo menos durante fin de semana. Su familia se encontraba de viaje, un repentino viaje. El chico había encontrado una nota sobre la mesa, que decía:"Nos vamos para el sur, volvemos pronto. Mamá". Estaba solo de nuevo.

- ¿No hay sabio na del Bily o del Parra?- preguntó Cristóbal sentado frente al computador
- No- respondió brevemente Eduardo- lo llamé y nadie respondió
- ¿A quién llamaste?- preguntó Cristóbal dándose vuelta
- A los dos- respondió- el cel del Parra suena como que no esta en servicio, el del Billy no contesta
- Mmm, que lata- dijo Cristóbal poco satisfecho- son días raros, ¿no crees Chino?
- ¿Por qué lo dices?- inquirió el otro chico levantándose del sofá donde estaba
- El ataque en la casa del Bily, estos poderes, la muerte de tu hermano…- respondió cerrando la cortina- ¿No habrá una relación entre todo esto?
- Lo había pensado- dijo Eduardo-, pero…
- Calmao’- interrumpió Cristóbal- llegó alguien, parece que mi Papá

Y estaba en lo cierto. Desde un automóvil blanco bajaba Julio Cortés, dejando a un individuo dentro del vehículo, entro a la casa. La noche seguía fría, al menos en ese aspecto, nada había cambiado, entre tantos cambios que sucedían en las narices de estos jóvenes, pero eso no era todo, algo venía, algo grande.

Julio sacó unos archivos de un closet, dejándolos en un bolso que el traía. Mientras tanto los chicos bajaron a recibirlo, cuando de repente sonó el teléfono de Julio.

- ¿Aló?- dijo el hombre contestando el celular
- Saludemos a tu viej…- alcanzo a decir Eduardo, antes que Cristóbal lo detuviera
- Shh- dijo Cristóbal- escóndete
- Ya- dijo Julio- transfieran a los individuos al Sector 2 del muelle Barón, acabo de dejar prisionero a Salvador… ¿Quién me dices?, el de lentes… invisibilidad… me reporto en una hora, bye.

En el momento que el padre de Cristóbal corto la comunicación, los rostros de Eduardo y del chico de melena eran de estupefacción. ¿Salvador?, ¿Prisioneros?
Los dos jóvenes, subieron lentamente a la habitación de Cristóbal, cerrando la puerta.

- ¿Escu-chaste bien?- dijo Eduardo, dubitativo
- Habló de prisioneros- dijo serió Cristóbal- el Salva y…
- Otros con poderes- completó Eduardo
- Exacto- respondió-quizás los están tomando a todos, quizás eso era lo que querían en la casa del Bily
- Pero tu Papa… ¿Involucrado en esto?- pregunto Eduardo, sentado en la cama de la habitación

Y se quedaron en silencio. Ese silencio sepulcral que solo se siente en los peores momentos, como cuando va a empezar un huracán. El silencio fue de tenido por una ráfaga de metralla que hizo añicos la puerta

- ¡Alto el fuego, imbéciles!- gritó Julio- no queremos herirlos, uno es mi hijo
- ¿Papá?- dijo asustadísimo Cristóbal, mientras Eduardo se lanzaba al otro lado de la cama
- Les aseguro que no saldrán heridos- dijo el padre del chico, extendiendo la mano
- ¿A dónde nos quieres llevar?- grito Eduardo, saliendo de su escondite
- A ti, a ningún lado Eduardo- respondió Julio- no nos eres útil, sáquenlo muchachos
- Alto- dijo Cristóbal, interponiéndose entre los soldados y su amigo- voy, por mi propia cuenta, pero a él no le hagan daño, por el amor de Dios.
- Misericordioso, igual a tu madre- dijo guiñado una sonrisa- siempre supe que serías un gran hombre hijo, que estarías por sobre los demás
- ¿Por lo de volar dices?- preguntó Cristóbal, acercándose a la ventana, mirando de reojo un trozo de madera y a Eduardo. El asintió, había entendido el plan.
- No sólo por eso hijo- respondió- volar, se te fue entregado; pero la grandeza… hijo, eso lo llevas en la sangre
- ¿Puedo hacer una pregunta, Papá?-dijo Cristóbal, ganando tiempo
- Si, dime- respondió Julio
- Donde me quieres llevar, ¿ ahí está también el Salva, la Mamá del Parra y al Ángelo?
- Por eso digo que eres un genio- respondió riendo- sí, ahí están donde tu iras también
- Entonces- dijo Cristóbal, mirando a su amigo- atrápame si puedes…

Tras esa señal, Eduardo golpeó con fuerza a uno de los soldados, haciéndolo perder balance, en el mismo instante Cristóbal se elevó sobre el suelo, dando una embestida voladora, que lanzó a su padre y los soldados al suelo.

- ¡Ahora!- gritó Eduardo, abriendo la ventana
- Vamos- respondió Cristóbal, que sin tocar el suelo tomó a Eduardo, volando por el aire, fuera de la casa, perdiéndose entre el nublado cielo de Curauma.
Julio logró levantarse, más los chicos ya habían huido. Permaneció unos tantos segundos mirando el cielo, hasta que un soldado le pasó un teléfono celular, era Bernard.

- Habla Cortés
- >¿Mordieron el anzuelo?<- pregunto Bernard, el tipo de barba, del otro lado de la línea
- Sí- respondió- de seguro irán a buscar a Damián, y luego al muelle
- >Buen trabajo Julio<- dijo Bernard-> que los soldado limpien el aérea, eliminen testigos y vuelvan a las instalaciones<
- Entendido, bye- asintió, acabando la conversación
Los soldados recibieron la orden, comenzando raudamente a reparar el sitio, de tal manera, que al cabo de unas horas parecía que nada hubiese pasado. Tan eficientes que no quedaron huellas, testigos o vecinos…La noche, ahora estaba un poco más cálida. Quizás la metralla, la acción, quizás… Pero de seguro que todo seguiría cambiando. Para bien o para mal, eso, solo Dios lo sabía.
***

martes, 13 de mayo de 2008

Revelaciones (segunda parte)

19

El viento arreciaba indolente. No como caricia, sino como latigazos de inseguridad y miedo de perder un ser querido. En otras palabras, una gélida tortura.
Los dos chicos caminaron apresuradamente desde el paradero hacia su destino. Daniel sabía que algo malo estaba pasando, lo había visto en sus visiones. Lo único que pensaba en este momento era encontrara a su amigo en casa, y que todo fuere un error, un agradable error.
Sebastián se acercó a la puerta de la entrada. Estaba abierta. La expresión del rostro del robusto varón cambió nuevamente al ver la situación. No había nadie en casa. Más, estaba todo revuelto, como si alguien hubiese estado buscando algo. Quizás…
- ¡Que mierda pasó acá hueón!- dijo Daniel al entrar
- Nada bueno- respondió sin expresión el otro chico- ¡Salva! ¿Alo? ¿hay alguien?
- Nadie hueón- respondió su amigo entrando a una habitación contigua
Ambos muchachos recorrieron las habitaciones de la casa sin encontrar un alma que los acogiese. Sólo encontraban las cosas revueltas, los cajones afuera. Sebastián se dirigió directamente al cuarto de Salvador, a ver si encontraba algo… Daniel lo siguió, pensando que, con su habilidad podría, hallarlo.
Sebastián halló algo que lo inquietó. El computador estaba encendido. En el monitor del aparato estaba la imagen “Ingrese su clave”, la cual Sebastián descubrió por casualidad la ultima vez que estuvo aquí. Mientras Daniel revisaba el cajón de un armario, donde sabía que Salvador guardaba las películas y las fotos que iba sacando. El mayor poder que tenían en este momento, era lo mucho que conocían a su amigo.
Daniel, de pronto, volvió a caer, siendo presa de otra visión. Esta ocasión, “Mojo” vio a cuatro hombres en esta misma habitación, quienes revisaban el lugar rezongando ya que “no la hallaban”. Luego de esto despertó. Sebastián, esta vez no se alarmó como la ocasión anterior. Pues ya sabía que nada malo le estaba sucediendo a su amigo. Él, solo se dedico a revisar el computador, buscando algo… lo que finalmente halló.
- Tengo algo- dijo Sebastián, al ver que Daniel despertaba
- ¿Ah?- dijo el otro chico, moviendo la cabeza para despertarse- ¿Qué encontraste?
- Conversaciones del MSN- respondió Sebastián moviendo el monitor hacia Daniel.
- Es con el Parra- dijo tras leer- ¿Y qué tiene de especial?
- Lee hasta el final po’ hueón- agregó “Mole”
- La pleno centro…- murmuró Daniel, pensando, refregándose los ojos.
- Igual el Parra anda terrible raro…- dijo Sebastián, con la misma expresión pensativa que su amigo.
Los dos muchachos echaron a volar su imaginación. Por sus mentes pasaron las más inusitadas teorías, hasta que tomaron la decisión más acertada. Darle una visita a Felipe.
Daniel seguía tratando de recordar quien eran las personas que vio en su visión. Una de las caras le era familiar, estaba seguro que lo había visto antes, no recordaba donde, pero lo conocía. Lo podía jurar.
El tránsito por las calles de Viña del Mar era escaso. Ya pocas personas quedaban deambulando por ahí. Sólo los dos muchachos, en extraño viaje, se dirigían a la calle por donde las pistas los guiaban, la casa de Felipe.
Como era de costumbre, no llamaron ni esperaron que saliese alguien. La confianza que existía en el grupo, los hacía simplemente entrar. No se escuchaba ni un alma en el patio, ni siquiera el perro les ladro cuando los vio entrar. Todo estaba inmerso en un crudo silencio.
Felipe estaba ahí sacando unos bolsos al patio cuando los vio llegar, su aspecto se veía cansado, como si no hubiese dormido. Los miró casi asustado, dejando uno de los bolsos en el suelo.
- Wena cabros ¿que tal?- saludó algo indiferente
- Hola po’ Parrita- respondió Daniel, algo inquieto
- Wena- respondió algo serio Sebastián, a quien en su cabeza le rondaba la idea de que algo andaba mal con Felipe. Se estaba comportando extraño desde el funeral de Mauricio.
- ¿Y en que andan’- preguntó el chico de lentes- a esta hora
- Pasábamos por acá- respondió Daniel- y entramos po’ hueón
- Pa’ saber sobre tu vieja- agregó Sebastián, encontrando la perfecta excusa para sacar información.
- Ahí pues- dijo haciéndolos entrar a la casa- en lo mismo no he sabido nada, y los pacos tampoco
- Pero…- dijo Daniel algo dubitativo- ¿Vas a seguir intentando?
- Mmm…- dijo Felipe levantándose del sillón- haré cualquier cosa por recuperarla
Sebastián, en ese momento, notó lo demacrado que estaba su amigo. Por las ojeras, los ojos hinchados y por la manera violenta con la que hablaba. Rasgo, poco común en al conducta de su amigo.
Felipe se paró y se apoyo en la mesa del comedor. Daniel noto que algo escribía en un taco de papel blanco, algo que desde esa distancia no podía leer. Luego de eso, el dueño de casa camino hacia la habitación del fondo, donde permaneció por un largo rato.
Los dos muchachos quedaron ahí, sin pistas sobre Salvador, y sin una respuesta a las dudas de Sebastián en respecto a la conducta de Felipe. No tenían nada.
Daniel se levantó y fue hacia la habitación. Donde estaba su amigo. El cuadro que vio ahí fue tétrico.
- Hazlo de una vez por todas- dijo Felipe, mirándose al espejo
- Pero ellos no aseguraron nada sobre mi madre- se respondió a sí mismo
- Aprovecha, llegaron solitos a nuestra casa- dijo Felipe, sonriendo, con un toco algo rasposo.
- Pero…- gruñó el chico de la fuerza, agarrándose la cabeza con ambas manos- tienen las fotos
- Con más razón aun- se respondió nuevamente, en ese diálogo demente.
- Parra- dijo Daniel- ¿Qué onda?
- Ah?- dijo Felipe, notando la presencia de Daniel- ¿Quieres saber por que?
Felipe se acercó al chico de las visiones, tomándolo por el cuello y lanzándolo contra el espejo, quebrándolo en mil pedazos. Sebastián, al escuchar el ruido corrió hacía el cuarto y vio el imprevisto espectáculo.
- ¿Quieres saber por qué Felipe lo hizo? ¿Por qué me necesita?- preguntó Felipe, refiriéndose a él en tercera persona; en el momento que tomaba una mano de Daniel y la ponía sobre su cara.
En ese instante, Daniel desfalleció en otra de sus visiones. Al tocar el rostro de su amigo, sintió una gran amargura, en la que vio como dos tipos tomaban a la madre de Felipe, apuntándola con una pistola. Luego vio Natalia y mucho fuego, mucha presión. Su mente no resistió la presión de aquellas visiones y Daniel, cayó inconciente.
Sebastián, desde la entrada de la habitación, alargó su brazo hasta Felipe golpeándolo de improviso, haciéndolo caer sobre Daniel. Luego, enroscó su brazo y parte de su cuerpo apretando a Felipe, quien seguía anonadado por la imprevista habilidad de Sebastián. Felipe tras forcejear un poco con su flexible amigo, se zafó de la captura y lo lanzó contra la muralla, haciéndola caer y pasar al otro lado, al patio.
- ¿Ahora tienen las respuestas que buscaban?- le gritó Felipe a la cara, acercándose al que estaba en el suelo, entre escombros.
Felipe se acercó a Sebastián y le lanzó el papel, ese que había escrito mientras conversaban, después de eso, le asesto un golpe en la cabeza tal, que le apagó las luces.
El chico agresor tomó una chaqueta y salió de la derrumbada casa. En el suelo había un pequeño pedazo de cristal roto, en donde vio su imagen, la de vista agresiva, llena de maldad en los ojos.
- No seré esclavo de nadie- dijo encendiendo un cigarro, rompiendo el cristal con el pie.
La noche se estaba cerrando de oscura y nublada. A duras penas se asomaba la luna menguante, como si temiese de lo sucedido. El frío se incrementaba, haciéndose frías púas que rajaban la piel y la carne, con el escozor propio de una tumba. Afuera un auto continuaba su marcha, luego de haber estado detenido ahí, por un largo lapso de tiempo. Los chicos no habían estado solos.

***

miércoles, 7 de mayo de 2008

Revelaciones (primera parte)

18

Los días calurosos lentamente estaban siendo parte del pasado, las tardes viñamarinas se estaban convirtiendo lentamente en gélidas etapas del día. Los dos hombres altos, amigos en toda ley, transitaban sin rumbo definido por la avenida Valparaíso, buscando algo que hacer, se habían juntado sin razón aparente. Más, el destino diría lo contrario.
Sebastián, conocido por sus amigos como "Mole" y Daniel, llamado "Mojo" por sus símiles, debido a dos personajes de televisión, se pararon frente un aparador, para encender un cigarrillo, para luego proseguir su ruta, en el caso que tuviesen una.
- Hueón, ta`empezando a hacer frío, ¿o es idea mía?- dijo Daniel, frotando sus brazos descubiertos con sus manos
- No seai`nenaza- respondió Sebastián- aparte ni frío hace.
- Ah, hueón- dijo Daniel, interrumpiendo- ¿acompáñame a comprar una hueá pal' pc acá a la vuelta?
- ¿Dónde?- preguntó El chico que llevaba el pelo tomado.
- Acá en la pleno centro- respondió Daniel
- Vamos- sentenció, Sebastián dándole otra aspirada al cigarrillo. Ambos chicos caminaron el resto que les quedaba de camino en completo silencio. No se esos silencios crueles, duros, sino un silencio limpio, en el que dos o más personas que se conocen tanto, no tienen necesidad de expresarse para decir algo, algo así como, todo esta dicho.
Doblaron para entrar a la galería, cuando Daniel, de sobre salto gritó algo que al principio Sebastián no entendió.
- ¿¡Qué hueá!?- le dijo asustado Sebastián.
- ¡La cámara del Salva!- respondió acercándose al objeto.
- A ver...- dijo más calmado y no menos extrañado su amigo.
- Es...- dijo, mientras tomaba la cámara, en el momento que daba un grito aterrador, entrando en un trance que lo desplomó contra el piso...
Daniel, en su inconciencia, vio imágenes que iban y venían, repitiéndose cada vez a mayor velocidad, hasta parecerle una montaña rusa, vertiginosa y violenta, que lo mandó de un grito a la realidad.

- ¡Mojo! hueón, despierta- gritaba con voz semi cortada Sebastián, con su amigo recostado en una banca del lugar
- Ahh, mi cabeza- decía Daniel, que despertaba de su extraño trance- Deja que me levante, tenemos que ayudar al Salva.
- ¿Qué?- inquirió extrañado el muchacho macizo- ¿Tuviste otra...?
- Visión- respondió interrumpiendo, viendo la dubitativa de Sebastián- En el momento que toqué la cámara del Salva, pude ver las últimas cosas que él vivió
- Extraño- dijo Sebastián, mientras se sentaba- pero ¿qué fue eso que viste?
- La casa del salva- dijo Daniel- eso fue lo primero que vi
- Vamos para allá po'-respondió Mole, quien se levantaba tomando la cámara de Salvador, guardándola en su mochila.

Como si el diablo los persiguiese, los dos jóvenes casi corrieron por las calles de Viña, espantados por lo sucedido. Ambos tenían el extraño presentimiento de que algo andaba mal... Y eso que el de las percepciones extrasensoriales era Daniel.
Tomaron el primer microbús que pasó en dirección a la casa de Salvador, nuevamente en un estricto silencio. Daniel, con su vista clavada en el techo, pensaba en lo que había visto, y en como durante las ultimas semanas había sido atacado constantemente por estas visiones. Cuando Abrazaba a alguien, cunado tocaba algo. O peor aun, mientras dormía.
Sebastián, en tanto, revisaba la cámara de Salvador. En ella detectó que había sólo tres fotografías tomadas, y que el resto del rollo estaba sin usar. Un millón de pensamientos pasaron por su mente. En que le había pasado a su amigo, a quien sólo lo había visto hace una semana.
La noche caía por completo, los dos muchachos no sabían si lo que hacían era cierto o parte de una película de ficción, lo peor era que no era ficción, para nada

(Continuará...)

miércoles, 13 de febrero de 2008

Desiertos

17

Eran ya las cinco de la tarde, todos ya se habían ido. Llevaban tres semanas desde que sucedió. Desde que su casa, eterno centro de reunión, fue parcialmente destruida por un ataque que ni quería recordar. Había sido lo más bizarro que le había sucedido en sus ya veinte años de vida.

Su casa estaba quedando como estaba. Poco a poco, gracias al trabajo de él y sus amigos, se estaba restaurando bien. Perfecto, al menos una satisfacción en medio de tanta catástrofe: casa destruida, novia enferma, amigo desaparecido…

Así, semiconforme, Anthony subió a su cuarto, uno de los pocos que estaba intacto, a recostarse un poco. Estaba cansado.

- ¡Anthony!- se escuchó el grito de su hermana en la habitación contigua.

- ¿Qué Belén?- respondió apenas levantándose- ¡Ven a hablar acá po’ ¡

- Me llamó la Mamá- dijo la hermana del chico que se levantaba- dijo que la fuéramos a buscar, porque viene cargada.

- ¿Dónde está?- preguntó Anthony

- En la bajada del cerro Castillo- afirmó

- Ya- sentenció el chico- me cambio de ropa y vamos

- Dale- confirmó Belén.

Con un resto de desgano, Anthony se preparaba para salir. Estaba aun confuso, pensaba como sus amigos estaban continuando sus vidas, tal cual, como si nada hubiese pasado. Sólo él sentía este malestar, una especie de presentimiento de lo que paso aquel día solo era un aviso de algo más grande que iba a suceder, y no estaba equivocado.

- Oye – dijo Belén entrando al cuarto de su hermano- se me ocurrió una idea

- ¿Qué cosa?- inquirió Anthony, con una cara disconforme

- Tengo una manera de llegar más rápido- sentenció Belén

- ¿A qué te refieres?- dijo extrañado su hermano.

- A esto- dijo, antes de desparecer y aparecer atrás de su hermano- así llegamos más rápido.

- ¿¡Quee!?- dijo sobresaltado, volteándose hacia su hermana

- ¿Se te olvidó que y podía hacer eso?- respondió la chica trigueña.

- No, pero me tomaste por sorpresa- respondió Anthony, bajando las escaleras

- Ya, pero ¿vamos?- insistió su hermana.

- ¿Es seguro?- preguntó escéptico el chico de cara regordeta.

- Sí oh- respondió- aparte es acá no más.

- Mmm, ya bueno ya- decido tras pensarlo unos momentos- trata de aparecer donde haya poca gente, o mejor aun, donde no haya gente.

Belén cerró los ojos, su hermano le puso las manos en los hombros, tal como ella le había pedido. Anthony no confiaba del todo en la precisión de su hermana, más, ese bichito de mal presentimiento le picaba con más fuerza en ese momento en su cabeza, se estaba arrepintiendo de ir así

- ¡Belén!-grito Anthony – mejor par…

Alcanzó a decir el chico, antes de sentir como cada partícula de su cuerpo desaparecía, sentía un miedo atroz. Cerró los ojos.

Al abrirlos, su primera visión fue aterradora, un fuerte viento levantaba una tonelada de polvo rojo frente a él. Tras ello, habían dunas tras dunas de arena, a los cuatro puntos cardinales donde se atrevía a mirar. Junto a él, Belén, su hermana, quien desfalleció en el instante en que aparecieron. Hacía demasiado calor.

- ¡Belén!- gritó antes de alcanzarla, para que no cayera al piso. La recostó en la arena y le tomo la temperatura con la mano en la frente, estaba ardiendo, y viniendo de Belén era un catástrofe, ni el océano Ártico podría bajarle la temperatura, lo sabía.

Aparte, el clima no le ayudaba en nada. Hacía un calor infernal en aquel arenal, en donde-sea que estuvieran. Tomó a su hermana en brazos, como pudo y se puso a caminar. Delante de él, tal como atrás, sólo veía arena y dunas rojizas. Creyó, por lo que había visto en la TV, que posiblemente estaría en Atacama, en el desierto. Lo último era el pensamiento más seguro que tenía.

Su hermana no respondía. Belén respiraba con dificultad, mientras más se internaban en ese infierno caluroso. Anthony se detuvo, pensó un momento las cosas más claramente: “Buscaré una carretera”

Sus brazos no podían más, la fatiga del caminar y el ardiente clima lo tenían extenuado. Dejó a su hermana en el suelo, y la hizo levitar, como sólo él podía hacerlo. De esa manera, la llevo mientras bajaba por una escarpada duna.

Desde allí vislumbró dos camionetas detenidas, y unos cinco tipos afuera, conversando. Bajó cuidadosamente a Belén, ahora con los brazos, no quería que nadie se enterara de “eso”, tal y como lo había acordado con sus amigos.

- ¡Hey¡- gritó Anthony mientras bajaba- ¡Ayuda!, ¡necesito ayuda!

- Roberto, Andrés, vayan a ayudarlo- ordenó el que pareció ser quien mandaba: un tipo de alta estatura, tez morena y rasgos sombríos.

- Muchas gracias- dijo Anthony, mientras ponía a su hermana en el asiento de atrás de uno de los vehículos, como un tipo amistosamente le había dicho- si no hubiese encontrado a nadie estaría perdido

- ¿A dónde ibai’?- pregunto el tipo alto

- Iba para… - titubeó un poco el chico mientras inventaba una mentira- …de vuelta a Viña pero me perdí del grupo

- Don Sergio, vio que si había gente cerca- dijo uno de los tipos

- Turistas- respondió el tipo aludido refiriéndose a los suyos- ¿Turistas, cierto?- preguntó ahora mirando a Anthony.

- Mmm… sí- respondió el chico que miraba de reojo a todo y a todos

- Súbete al auto y espera, vamos para Antofagasta apenas terminemos- ordeno Sergio, quien se volteó hacia la otra camioneta.

Dentro del auto, Anthony trato de hacer que su hermana respondiera, pero no. La fiebre no bajaba. Uno de los tipos le paso una botella con agua antes de dirigirse donde todos estaban.

Se quedó solo con Belén en el vehículo. Desde allí pudo ver lo que sucedía. Sergio, el tipo alto, llevaba un bolso y lo abría frente a los de la otra camioneta, quien sacaron una bolsa del interior del bolso. Una bolsa blanca. El tipo del otro vehículo, rompió con una navaja una de las bolsas y probó lo que en interior había. Era precisamente lo que Anthony estaba pensando desde un principio: traficantes.

Anthony quedó perplejo con lo que vio. No supo que hacer; si quedarse allí, y aceptar lo que vendría o correr y pedir ayuda. Trato de disimular su espanto bebiendo un largo sorbo de agua. Los tipos aun seguían revisando las bolsas, nadie lo veía, perfecto para escapar.

Pero no, si escapara, los tipos sospecharían de él. No, debía pedir ayuda. Miró a su alrededor, dentro de la camioneta, viendo en el asiento de adelante un teléfono celular. Con la mente, atrajo el celular hacia él, marcando el número de carabineros.

Los tipos venían de vuelta. Anthony con el mismo cuidado, puso el celular en su lugar, bajándose lentamente del vehículo, escondiéndose junto con Belén detrás de la camioneta.

- ¡Don Sergio!, alguien llamó a los pacos- dijo uno de lo tipos mirando su celular.

- ¡El cabro!…- dijo buscando el líder de los hombres- ¡el cabro y la niña! ¡Búsquenlos mierda!

- Al tiro jefe- dijeron al unísono los sombríos tipos, sacando revólveres del interior del vehículo. Eran seis.

Anthony silenciosamente se movía entre unos arbustos, hasta que tropezó, rompiendo una rama, alertando a los hombres que lo buscaban.

- ¡Allí está!-gritó uno de los tipos corriendo hacia donde Anthony estaba.

El chico tomó a su hermana como pudo y se puso a correr, con el solo instinto de supervivencia en mente, dejando fuera a su acostumbrado sentido común. Los tipos abrieron fuego.

Quizás suerte, quizás ayuda divina, pero las balas no los tocaron. El chico pensó en hacerlo; no quería herir a nadie, pero debía, sí, debía.

Anthony se volvió hacia sus perseguidores y levanto la mano. Al instante de ello, los revólveres volaron por lo aires quedando lejos del alcance de los tipos. Con otro gesto levantó el vehículo y lo lanzó sin pensarlo hacia sus persecutores, haciéndolo estallar estruendosamente.

Entre tos y humo, Anthony se levantó. Belén que estaba a unos metros de él, poco a poco recobraba el conocimiento. El chico se acercó a su hermana y le preguntó si estaba bien. En ese instante escucho un clic a su espalda.

- Quieto y no saldrás herido- dijo Sergio, el tipo alto, apuntándolo como a un metro con su revolver.

- Belén…-dijo Anthony titubeante- cierra los ojos

- Creo que mentí- agrego el tipo- viste demasiado, debiste aceptar mi ayuda tranquilamente.

En ese instante, la respiración del chico se agitó, como si supiese lo que iba a pasar y lo que se proponía a hacer. El viento de la tarde, aun no era suficiente para refrescar la infernal tarde aquella en el desierto; las llamas del vehículo destrozado hervían impetuosas en el lugar, como si con sus ardientes brazos anhelaran un calido brazo, calido.

El sudor en la frente de Anthony se heló en el momento en que el tipo apretó el gatillo. El 3struendo del disparo y el grito espantado de Belén eran el único ruido en medio del desierto.

El disparo, desviado por Anthony quien cerraba los ojos con desespero, llegó a posarse con violencia en el cráneo de Sergio, dejándolo en el suelo inerte, como el resto de los tipos; sus rasgos sombríos eran tragados por la nada. Su rostro inerte, se asimilaba con el de Anthony: pálido, quieto y rígido, shokeado por lo sucedido.

Luego de salir del espanto, el chico, se acercó a su hermana, la abrazó largamente, escuchando de fondo las sirenas de un furgón de Carabineros que se acercaba.

- Quiero irme a la casa- dijo Belén, extenuada

- Yo igual- respondió su hermano cerrando los ojos

- ¿Vamos?- inquirió Belén

- ¿Qué?- dijo Anthony, abriendo los ojos- estamos en … en casa

Alcanzó a decir Anthony antes de caer desplomado en el suelo por el cansancio. Estaba en casa, y él y su hermana estaban a salvo, no le importaba nada más en ese instante. Tenía sueño, mucho sueño.

***

miércoles, 30 de enero de 2008

Segundo tiempo

16

Eran ya las once y media, la noche era una de esas que da miedo salir al patio aunque el perro ladre hasta estallar sus pulmones, así era. Para Ángelo tambien lo era, siempre había sido así, aunque debía hacerse de tripas corazón y aguantar toda la noche, todo por unas lucas de más.

Hace una semana que se le había acabado el contrato en lo que el ciber del mall era, y no le quedaba más que volver a esto, a guardia de seguridad, labor que ya había desempeñado varias veces, no llenaba todas sus expectativas, pero que va, era trabajo y para Ángelo era argumento suficiente.

El chico, poniéndose una chaqueta del uniforme el mejor estado, así que era fácil que cualquier mequetrefe se metiera al terreno, pero no, él pensaba, “el que entre va a saber lo que es bueno, ja”.

La noche estaba fría. A pesar de estar en plena temporada calurosa, el viento de las noches gélidas semejaba mucho al frío del más crudo invierno que él había experimentado. Caminó por un rato, chequeando que todo estuviese en orden, tal como lo hacía cada noche, cada noche. El robusto chico se sentía agobiado por la monotonía de tener que ser el rondín de este maldito condominio, sentía que el merecía más que esto, mucho más, esto sería sólo un paso intermedio para algo, algo grande, no sabía que sería pero sería grande.

Era evidente su insatisfacción, teniendo en cuenta los recientes hechos, especialmente lo referido a lo que sucedió en la casa de Anthony, su amigo; todos esos tipos tratando de hacerles dios sabe que cosa, y él dándoles la madre paliza. Sentía que Dios le había dado un don como respuesta a sus ruegos, la rapidez con la que se podía mover si se lo proponía era increíble.

Sumido en sus pensamientos, volvió a la caseta que lo cobijaba en su jornada, sentándose en la silla, tomando su teléfono celular, revisando si lo habían llamado en su ausencia. Y de hecho, tenía un mensaje de texto. Era de un número que al principio no reconoció. El mensaje decía: “No te vi más en el ciber, te busqué y no supe donde estabas. Bárbara”

Luego reconoció el número, era de la rubia que aquel día, le dejó el número de teléfono, aquella, la de los pechos enormes. El chico sonrió.

Pensó un rato en como demonios se había conseguido su número celular y en responderle o no. Revisó la hora del mensaje, era reciente, solo hace unos seis minutos. Se devanó los sesos pensando en hacerlo, hasta que se decidió. Era sólo un mensaje.

“Acá estoy pues, si me quieres ver, ven a hacerme un poco de compañía”. Y adjunto al mensaje mandó la dirección del condominio, total, estaba sólo, había poca gente en los departamentos y él era el único guardia ese día. Que va, tentaba a su suerte.

Al rato después, recibía un mensaje de vuelta que decía “Estoy en la puerta”

Extrañado por la pronta respuesta, se levantó de su asiento y fue a abrir la puerta. Sabía que lo que estaba haciendo estaba errado, que hasta lo podían despedir por aquello, pero que va, ¿quién lo sabría?

Abrió la puerta a sobresaltos, estaba nervioso. El cielo se había despejado y se asomaban las primeras fugitivas estrellas, iluminando la sinuosa y lúgubre noche, plagada de monotonía y extrañeza

- Te demoraste en abrir- dijo la rubia, de profundos ojos azules

- Mmm…Hola- dijo Ángelo tras titubear un instante- pasa, a la caseta

- ¿Acá trabajas?- preguntó la chica al entrar al lugar, instalándose prestamente una de las dos sillas que allí habían

- Sí – respondió- por ahora, hasta que entre a estudiar

- ¿Estudiar?- inquirió la rubia que se le acercaba felinamente

- Sí…sí, eso quiero- respondió confundido mientras la chica se le acercaba poniéndole una mano sobre el pecho- ¿Qué estai hacien…?

Alcanzó a decir, hasta que de afuera se escuchó un gran estruendo, como si algo se hubiese caído. Lo repentino del golpe le heló la sangre por un instante; con esa misma sangre fría, se alejó de la chica, y con la velocidad inhumana que poseía, el chico de ojos verdes corrió hacia la procedencia de los ruidos.

- ¡Alto ahí!- gritó cortando la salida al intruso, quien llevaba tapada la cara- ¡muéstrate!

- Si tú lo quieres así- respondió el tipo sacándose el pasamontañas que ocultaba su identidad- Mi nombre es Bernard, y necesito que vengas con nosotros, eres alguien , digamos, necesario para la compañía

- No iré a ningún lado viejo- dijo sacando su luma, en el momento en el que se movía velozmente a taparle la huida al tipo, quien en ese preciso instante se volteó como para salir del lugar

- Acompáñame-dijo sereno el tipo, el viejo de barba oscura

- Creo que tu tampoco iras a ningún lado- respondió Ángelo, botando la luma al suelo, asestándole una patada en la quijada que tumbó el tipo hacia el suelo

- No estaba equivocado, nunca me equivoco con ustedes- dijo Bernard, levantándose del suelo- Hernán Ángelo Cortés, 20 años, guardia de seguridad, campeón de Tae kwon do, etcétera, sabemos todo de ti

- ¿Qué?¿Quien chucha soy vo’?- dijo casi desesperado el chico

- ¿Y tu sabes quien soy yo?- respondió alguien a su espalda, era la chica, la rubia, Bárbara, como había dicho llamarse.

- Linda, mantente alejada de esto, puede ser peligroso para ti- aconsejó Ángelo, quién valerosamente, no despegaba los ojos en el viejo, que todavía estaba en el suelo

- Deberías preocuparte más por ti- dijo con seguridad el viejo de barba- hoy en día nada es lo que parece, es cosa de mirar atrás tuyo

- ¿Ah?- alcanzó a decir Ángelo, en el momento en que la chica le daba un fuerte golpe en las piernas con el metal de la luma, que había quedado en el piso, golpe que mando al chico rápido al suelo

- Te cortamos las alas, versión chilena de flash- dijo entre carcajadas la chica voluptuosa, mientras Ángelo se retorcía de dolor por el golpe. posiblemente había roto su pierna.

- Ayúdame a que me levante- ordenó Bernard, quien permanecía en el suelo

- Sí profesor- respondió la chica extendiendo su mano, en el momento en que los músculos de rostro y cuerpo entero comenzaron a moverse grotescamente, como si volvieran a su lugar, y de hecho, eso era.

Ángelo miraba atónito y adolorido el espantoso espectáculo, tras la vomitiva mutación que la chica sufría, pudo distinguir un rostro familiar, era precisamente Darío, amigo suyo, quien tomando su forma natural corrió a traer un maletín negro, desde el interior de un auto que los aguardaba afuera.

- Vamos a dar un paseo Sr. Cortés- dijo el viejo de barba , extrayendo una jeringa con una dudosa sustancia dentro, la que apuñaló en la pierna sangrante de Ángelo, quien desfallecía casi ipso facto.

- ¿Llamo a los de limpieza?- preguntó Darío

- Sí, y que lo lleven alas instalaciones- respondió Bernard, regresando al automóvil- apúrate chico.

- Calma profesor, que no soy tan rápido como este – respondió sarcásticamente el chico de tez pálida, caminando junto con su jefe hacia fuera del condominio.

La noche seguía su curso. Se había vuelto a nublar la luna. Todo se sumía nuevamente en la ignominiosa oscuridad en la que había comenzado todo. El susurro del viento era el único canto en los momentos en que unos tipos de negro, se llevaban el cuerpo inerte de Ángelo, hacía frío. Eran las doce en punto.

***