martes, 23 de marzo de 2010

Espartaco

24

El ruido de una camioneta negra enmudecía al silencio que reinaba. Ni un solo ruido violaba la paz del estacionamiento, pero por razones obvias solo adjudicables a la ciencia y la mecánica, se encendía un ruido. Habían llegado.
Bernard se bajaba de la camioneta algo ofuscado, las cosas no estaban marchando muy bien y los jefes no estaban satisfechos con la captura incompleta de la segunda generación de los especímenes. Bueno, al menos traía otro. Uno muy importante
Dos tipos vestidos de chaquetas pardo bajaban un bulto pequeño, al cual Bernard se acercó y bajo el cierre para ver el rostro
- ¡Imbéciles! les dije que no le taparan la cara, ¿Qué quieren que se nos muera?- dijo enfadado- Daniel, espero que no te haya molestado el viaje, fue un poco movido.
- B-b-bueno- dijo tartamudeando del miedo- ¿A dónde me llevan?
- A hacerte unos exámenes- dijo Bernard sonriendo- Te prometo que estarás sano y salvo, en tu casa antes que tu hermana despierte del sedante que le dimos
El niño estaba demasiado asustado para intentar responder. Es más que evidente el miedo de un niño de diez años, cuando por la ventana entran dos encapuchados, sedando a su hermana con una jeringa y llevándolo en un bolso fuera de la paz de su hogar, donde ya habían pasado más de un miedo.
Los dos hombres llevaban al pequeño en el mismo bolso, escoltando a Bernard, quien digitó seis números en la puerta, que se abrió, con dos soldados vigilando y saludando al viejo de barba con el correspondiente saludo marcial
- Está todo listo en el laboratorio- dijo la silueta de un hombre de gafas
- Todo listo Julio- respondió Bernard, ordenando a los tipos a llevar a Daniel al lugar indicado- ¿El suero está preparado?
- Todo listo- respondió- Déjame los fármacos y el laboratorio a mí, tú dedícate a reunirlos
- Tranquilo hombre- dijo musitando una sonrisa- comencemos
En la habitación contigua, estaba preparada una camilla, con el hermano de Eduardo tendido, despierto, boca abajo y mucho más asustado que nunca.
- No te mentiré, te va a doler mas a ti que a mí- dijo Julio, enterrándole una jeringa en la columna vertebral, con la que le extrajo líquido de la médula
- Tome- dijo Felipe entregándole en recipiente donde poner la jeringa- Me dijeron que me necesitaba
- Los necesitamos a todos ustedes- dijo el mayor de los Cortés- pero por desgracia no podemos, aun no nos entienden
- ¿Para qué el liquido de la espalda del hermano del Chino?- preguntó el chico
- ¿No recuerdas la habilidad de Daniel?- respondió- Él puede potenciar la habilidad de otros especiales, multiplicar su poder por cien o quizás más
- ¿Y en eso que tengo que ver yo?- inquirió Felipe en tono seco- recuerde que me importa un carajo usted y sus experimentos, yo quiero que me devuelvan a mi madre
- Calma chico, calma- dijo Julio- ¿crees que te elegimos entre todos al azar? Jajaja, no, no lo hicimos, buscamos al más gris de ustedes, al sobornable, así que compórtate y obedece si quieres ver a tu madre viva otra vez
- ¡Estoy hasta la puta de ustedes!- gritó Felipe, tomando al Papá de su amigo por el cuello con una mano, levantándolo del suelo- sabe que si quiero puedo matarlo con solo separar su cabeza del resto.
- Pero sé que no eres un asesino- respondió el amenazado, con la respiración entrecortada- y asesinarías a dos de un tiro si lo haces: a mí y a tu madre como consecuencia, piensa lo que haces
- Mierda- dijo Felipe, lanzándolo bruscamente contra unas cajas de cartón- ¡pueden irse todos a la mierda por ahora!
Julio se levantaba del piso poniendo sus gafas en su lugar, aun tenía mucho trabajo pendiente, trabajo que no podía esperar.

***

La celda era completamente hermética a excepción de la ventilación, protegida por completo frente a cualquier intento de fuga. Una cámara en una esquina, probablemente preparada para verlo aunque su habilidad funcionara. Estaba jodido.
Por la cabeza de Salvador pasaban muchas razones de quien carajo eran los que lo trajeron y qué querían de él.
- Ah, por la chucha- dijo hablando solo
- Por la gran chucha viejo- respondió una voz familiar, proveniente de la ventilación
- ¿Ángelo?- preguntó extrañado mientras buscaba la conexión de las habitaciones
- El mismo po’ hueón- respondió- estamos igual de cagados.
- ¿Por qué te trajeron?- preguntó Salvador, dándose cuenta que se encontraban separados por un muro
- Por correr muy rápido- dijo tosiendo una breve carcajada- ¡Yuyín y la conchasumadre!
- ¿Qué pasó con él?- volvió a preguntar- Esta con ellos supongo
- Si- exhaló- me cagó miserablemente
- Oye, supongo que también debes tener alguno de estos… dones- dijo Salvador parándose sobre la roñosa cama que ahí tenía
- ¿Tú también?-respondió inquiriendo- yaaa es como mucha la coincidencia
- No creo que sea coincidencia- dijo serio el chico de lentes redondos- aquí hay algo más, y no me extrañaría que sea alguna de esas instalaciones con operaciones secretas de la Dina, algo me contaba mi viejo cuando estaba chico
- A esta altura creo cualquier wea compadre- respondió algo hastiado
- Oye- dijo Salvador
- ¿Mmm?- gruño Ángelo como si estuviese acostado
- Tengo una idea para escapar- dijo el chico mientras limpiaba sus lentes- las miré bien y las cámaras no tienen micrófono, no pueden oírnos
- ¿Qué proponí’?- preguntó el chico rápido
- Las murallas están recubiertas de metal a excepción de la que nos separa- dijo Salvador- si le das golpes repetidos la puedes mover o botar
- ¿Seguro?- dijo poco convencido- pero van a venir los guardias po’ y ahí cagamos
- Eso es lo que quiero- respondió alejándose de la muralla, poniéndose fuera del alcance de la cámara
- Ahh- rió Ángelo- entiendo
Por un momento, ocurrió lo que ocurre en los seres humanos cuando la presión de un problema es tal que los cerebros trabajan juntos a pesar de toda diferencia: se ayudaron. Ángelo se alejo medio metro de la pared y comenzó a dar patadas al muro a la velocidad sobrehumana que por razones aún no aclaradas había adquirido. El muro al principio ni se mecía frente a las acometidas del chico, pero luego de unos segundos de repeticiones, comenzó desprender cascarones de pintura y disparó la alarma de los soldados.
- ¡Qué mierda pasa acá!- grito un soldado, abriendo la puerta de la celda de Salvador
- Nada- dijo el chico invisible, aprovechando el polvo que había levantado Ángelo, para pasar por detrás de él, escabullirse entre los soldados, darles un portazo y dejarlos encerrados
- Ahora sácame po’ weón- dijo Ángelo del otro lado de la puerta de metal
- ¿Pero cómo?- dijo Salvador tirando de la puerta si resultado alguno
- Yo te ayudo- dijo Felipe, quien venía desde una puerta cerca de los laboratorios. Tiró de la puerta y la sacó de su lugar
- Pa-Parra- dijo Salvador- ¿no que tú estás con ellos?
- No hay tiempo para explicarles- dijo, apretando la puerta contra la muralla- salgan por la puerta de la izquierda allá al fondo, yo les gano tiempo
- Mmm, no entiendo pero apúrate Salva- dijo Ángelo, dándose cuenta que venían más soldados- yo te llevo así salimos al tiro
- Calmao’ cuida…-alcanzó a decir el chico de la invisibilidad, antes de que Ángelo partiera a gran velocidad en la dirección indicada por su amigo.
- Suerte- dijo Felipe, lanzando la puerta contra una caja de alto voltaje, provocando un apagón que se extendió por toda la instalación
Ángelo y Salvador se inquietaron un tanto frente al apagón , pero aun así avanzaron, sintiendo el ruido de las olas de fondo, como anuncio de la tan anhelada salida. Por un instante se separaron, sin poder ver hacia donde se dirigían. Los soldados que los perseguían tampoco tenían señas de donde carajo podían estar los fugitivos.
Cuando volvió la luz, se encontraron en un pasillo de metal que terminaba con unas escaleras hacia la salida, desde la cual salió Anthony, su amigo, jadeando de cansancio acercándose hacia ellos
- Mierda- jadeo Anthony- pude entrar sin que me vieran, por acá podemos salir
- Bily- dijo Salvador- ¿Vienes sólo o con los demás?
- Solo- dijo- los demás están entrando por la puerta de adelante, vengan
- Mmm- gruñó Ángelo, algo extrañado, avanzando hacia la salida- no parece una idea del Bily
- ¿Qué cosa?- dijo Salvador saliendo por la puerta, sintiendo la brisa de la libertad- estamos afuera hueón, cálmate
- ¡No me la hací’ dos veces!- gritó Ángelo, dando un giro a gran velocidad, asestando la más rápida de las patadas en la cabeza de Anthony
- Pero que mierda haces…- alcanzó a decir Salvador, cuando vio que los músculos faciales de su amigo noqueado se movieron, volviendo a su forma original
- ¡Yuyin!- grito Salvador extrañado- ¡Era una trampa!
- No alcanzó a entregarnos, vámonos- dijo Ángelo abriendo la puerta- por acá creo que er…
- ¡Alto!- dijo fuertemente uno de los soldados que los rodearon en la puerta, armados con fusiles y equipados con lentes térmicos, estaban atrapados.
Cuando el soldado dio la orden, les dispararon sedantes a ambos, al rápido y al invisible, durmiéndolos en el acto. Había sido una fuga fallida
Desde afuera se acercó Bernard y le palmoteó la espalda al soldado, felicitándolo. Ordenó limpiar el desastre ocasionado, dando instrucciones a diestra y siniestra, el viejo de barba sabía que ellos venían y a pesar de que poseían armamento y número, los jóvenes con habilidades significaban una amenaza que podría echar por tierra todas las predicciones de Julio y arruinar el trabajo de más de veinte años.
- Vamos viejo, no me digas que ya te acobardaste- dijo Julio, viendo a Bernard tan pensativo
- Para nada- respondió el viejo, arreglándose la barba- sólo pensaba
- Mmm- musitó el padre de los Cortés- todo listo en el laboratorio, sólo me falta un sujeto de prueba
- Tienes a Darío- dijo Bernard apuntando al inconsciente en el piso- ya no nos es de utilidad, llévatelo.
- Ok, nos vemos con el jefe, viene en una hora- dijo levantando al cambiaformas del piso llevándolo al laboratorio- Y cálmate, nadie lo sabrá
Bernard se quedó solo ahí por un instante, mirando el mar que se asomaba frente a él, desde lejos veía un faro que iluminaba tenuemente la nublada noche. Su inmutable faz no revelaba preocupación, pero si existía. Tal vez remordimientos, pero ya había navegado tanto tiempo en este rumbo que no había manera de volver a puerto, a su puerto.
Las instalaciones metálicas urgían en silencio, más el ruido de un motor llegando rompían el equilibrio. De él salieron varias personas de traje y corbata, de entre ellas una figura conocida públicamente, que se acercó a Bernard y lo saludó dándole la mano.
- Hola Papá- dijo el tipo, que no pasaba los cuarenta años
- Hola jefe- dijo serio el viejo- ¿Qué tal el presidente? ¿Lo convenciste?
- Todo arreglado- el lunes comienza todo.
Luego de nuevo el silencio. Por última vez el silencio reinó en aquellos galpones frente al mar, quizás como preparándose a la llegada de algunos invitados esperados, quizás solo era el viento, pero la gélida sensación del ambiente volvían loco a cualquiera.

***

sábado, 6 de marzo de 2010

Vientos de cambios innegables

23

Las olas viñamarinas arreciaban con la acostumbrada fuerza del viento a las 9 de la noche, era una gélida sensación que sólo compensaba a lo intenso de los días pasados, días en que la vida pone una nueva perspectiva… prioridades, sobrevivencia… familia, costaba creer en muchas cosas cuando a tan corta edad la vida era truncada por sucesos que nunca les había correspondido vivir… o tal vez si, quien lo sabía.

Muchas ideas tornaban en la cabeza de Anthony, tantas que no sabía que pensar, quizás sólo en su hermana, sus amigos y tantas personas que estaban sufriendo por todo esto.

- Están retrasados en 45 segundos frente a la hora que dijimos- dijo Francisco, interrumpiendo las cavilaciones de su amigo.

- No todos pueden teletransportarse pues compadre- respondió Anthony- algunos tienen que…

- Volar- interrumpió Belén- Ahí viene el Caco con el Chino.

- Puta que hace frío weón- dijo Cristóbal, al aterrizar- ¿Cómo estamos cabros?

- ¡Caquito!- saludó Belén, siendo la única esbozando una sonrisa en esta extraña situación

- Qué bien que llegaron- dijo Anthony tras estrechar la mano de Cristóbal y de Eduardo- Creo que estamos todos los que creía que iban a estar: Caco, Damián, Chino, Cuadra, la Belén y yo

- Ojala que con nosotros baste- dijo Damián

Un gran silencio rodeo las palabras de Damián, inseguridad mezclada con ribetes de esperanza, era lo que más abundaba en los corazones de ellos. Pero el silencio fue cortado por el zumbido de balas silenciadas en la playa.

Los chicos corrieron rápidamente a la playa, en donde encontraron una extraña escena: Sebastián, para sus amigos Mole, tenía en un brazo, alargado y enroscado constrictoramente, sobre un uniformado; mientras que con la otra sostenía el cuerpo inerte de Daniel, con el triste sello de dos balas en medio de la frente.

- Mierda- dijo Anthony, extendiendo su mano en dirección al soldado, apretándolo.

- Dame esto- dijo Belén, apareciendo desde atrás del soldado, despojando de su arma al ya neutralizado hombre.

- Noquéenlo- dijo Francisco- puede sernos de utilidad.

- Déjenme ayudar- dijo Eduardo dándole en la cabeza con la misma tabla que saco de la casa de Cristóbal.

- Oye ¿Eso es de mi casa?- preguntó Cristóbal, quien se acercaba para ver el estado de Daniel.

- Esta… muerto- dijo Sebastián, sin levantar la cara.

- Mierda, mierda, mierda- dijo Anthony inquieto

- Vienen mas desde el suroeste- dijo Francisco, mirando a su alrededor

- ¿Cuál es el suroeste?- preguntó Eduardo

- Chino, allá- apunto Damián

Desde la dirección señalada, apareció un escuadrón de 8 soldados, armados con escopetas de tranquilizantes, quienes a media distancia comenzaron a disparar.

Anthony desvió una primera ráfaga con su mente, mientras Belén y Francisco juntaban a todos para teletransportarse. Eran demasiados para ellos.

- No se si pueda teletransportar a tantos a la vez- dijo Belén casi llorando- nunca lo he intentado

- Vienen mas desde la van negra que esta allá detrás- dijo Eduardo, poniéndose a cubierta, para evitar daño.

- Estamos encerrados- dijo Sebastián- quien había ensanchado su mano para cavar una zanja para refugiarse

- ¡Ah! No puedo sólo con ellos- dijo hacia atrás el chico de poderes psíquicos, lanzando un par de soldados por los aires

- Yo te presto una mano compadre- dijo Cristóbal, elevándose a gran velocidad, tacleando a una fila de soldados, acto que repitió un par de veces.

La situación era crítica, los chicos estaban rodeados, con el mar a un costado, y el contingente de soldados en el otro. La adrenalina en sus cerebros no los dejaba pensar correctamente, más, en la cabeza de todos rondaba el recuerdo de los dos fallecidos… Mauricio y Daniel… ¿por qué nosotros?... ¿qué hicimos para merece esto? pensamientos obvios en medio de la desesperación

De pronto, la mirada de todos se volcó hacia la calle, desde el hotel Miramar. Un camión se aproximaba a gran velocidad, saliéndose de la calle, pasando por el estacionamiento hasta volcarse violentamente sobre los soldados, en medio de una gran explosión.

El camión no se movía solo, sólo uno podría ir adentro.

- ¡Aaaa!- grito Damián de entre el fuego del camión- ¡¡¡sáquenme de acá!!!

- ¡Puta madre!- grito Cristóbal, volando a gran velocidad hacia el fuego, para sacar a su hermano

- ¡No weón!- le grito Anthony, quien sangraba por la nariz, intentando levantar una mano para ayudar a su amigo

- Bily, no- dijo Francisco- tu cerebro ya ha recibido mucha presión, no aguantarás.

- Mole, tírale arena- dijo Eduardo a Sebastián, quien aun mantenía el cuerpo inerte de Daniel en sus brazos

- Ok- dijo Sebastián, de la manera más seria que le habían visto en la vida- yo me encargo. El chico expandió sus manos como dos grandes palas y comenzó a lanzar arena a los restos del camión, la marea, y la ayuda de los demás ayudo para sacar a Damián de adentro.

- ¡Nunca volvai’ a hacer nunca tamaña estupidez aweonao’!- le gritó Cristóbal a su hermano menor, mientras le asestaba un puñetazo en la cara

- Si ya esto bien- dijo Damián, completamente regenerado y desnudo- puta hice cagar las zapatillas

El calor del fuego comenzaba a cesar a medida que se alejaban del lugar, de alguna manera ellos sabían siempre donde estaban. No podían darse el lujo de descansar. Ni siquiera de darle sepultura a un amigo, con el dolor de sus almas tuvieron que hacerlo pasar por una de las víctimas del camión.

- El Mojo me dijo algo antes que el weón lo matara- dijo Sebastián

- ¿Qué cosa Mole?- pregunto Eduardo

- Dijo “Galpón 87, 291287”- respondió el muchacho de estatura elevada

- Eso, ¿Qué chucha es?- dijo Anthony- no me dice nada exacto, puede ser cualquier galpón con esa numeración, y no tenemos tiempo para investigar.

- Mi Papá…- dijo algo serio Cristóbal, que había estado callado todo el trayecto- mi Papá mencionó algo de unas instalaciones en el muelle Barón

- ¿Tu Papá?- pregunto Francisco- ¿Qué tiene que ver él con ellos?

- Él está con ellos- dijo Eduardo, dándole una triste mirada a Cristóbal

- Para allá vamos entonces- dijo Belén- ¿los llevo?

- No- dijo Anthony- preparemos algo antes

- Yo me quedé con esto- dijo Eduardo- mostrando un manojo de llaves con las letras mayúsculas “PS”- eran del soldado que mató al Mojo

- Yo le quité esto- agregó Belén, mostrando el arma con silenciador, mismo gatillo que había silenciado la vida de un joven especial, por razones que aun nadie entendía- ¿alguien ha usado una antes?

- No- fue la negativa de todos- Pero yo puedo intentarlo, solo déjenme sacar unos cálculos- dijo Cuadra tomando el frio metal- ¡Puta la wea!, no puedo dejar de pensar

Y de nuevo el silencio. Un silencio sólo matizado por el sonido de las olas que poco a poco dejaban atrás. Las mentes funcionando, pero los corazones y las almas estaban un poco demacradas. Habían perdido a un ser querido más, uno más. Y aun habían muchos más que podrían perder si no se apresuraban, pero debían al mismo tiempo pensar con claridad, se venían vientos de cambios innegables para todos.

Sebastián miraba de reojo el papel que Felipe le había pasado, las letras de la frase “Ayúdame a salvarla” tintineaban en medio del papel amarillo. El chico sentía una responsabilidad más sobre sus hombros, sin contar el mar de preguntas que surgían frente al comportamiento de su amigo, en su casa. Y no sólo sobre eso, era un océano de inquietudes que en ese galpón del demonio quizás podrían solucionar.

Eran vientos de cambios innegables, eso era lo único claro por ahora.

jueves, 26 de marzo de 2009

Hace más de veinte años

22

Ya no quedaban transeúntes en las calles viñamarinas, sólo los militares marchaban y acechaban el actuar de esta ciudad dormida, anestesiada en un frio invierno, tan doloroso como lo habían sido los últimos catorce años. Pero así eran las cosas y había que responder frente a los que mandan, aunque sea vendiendo los ideales de adolescencia. Él lo sabía bien.
Prefería cuando todo esto era sólo un inocente descubrimiento y no se habían metido los militares y... él.
Las instalaciones estaban escondidas a la luz pública, por lo que Julio debió estacionar su auto lejos de ahí, para no levantar sospechas. Caminó hasta llegar hasta lo que alguna vez fue un frigorífico, custodiado por un militar parado ahí, con fusil en mano
- Identifíquese- dijo el joven uniformado

- Cortés- respondió Julio

- ¿Y a que viene?- dijo el militar

- Vengo por inteligencia- respondió un tanto abrumado

- Ok, pase- aseveró el hombre



***


- Parrita- dijo una secretaria que lo conocía de hace algún tiempo- Don Reinaldo te busca

- Uff- dijo el hombre de unos treintitantos- voy

Manuel iba con la mirada baja. No quería perder el empleo por salirse ahora de lo que se había metido, su hijo venía en camino, su mujer y su pequeña necesitaban que él llegase con dinero a casa, sin importar lo que hubiese hecho.

Al salir, se apretó la mano con la puerta, haciendo que esta se hiciese añicos, como ya llevaba pasando desde que participó de aquel experimento, contra su voluntad, obligado por su jefe. Nada podía herirlo, él lo sabía, podía asesinar a su jefe cuando quisiera, pero no; necesitaba el dinero.

-Don Reinaldo, acá estoy, como me mandó a llamar- dijo con voz sumisa el aun joven

- Ya¡ te llamé pa' lo que su ya sabis'- dijo con voz fuerte su jefe

- ¿Qué cosa?- preguntó Manuel

- ¡No preguntis' hueas'!- grito algo ofuscado- lo del proyecto con los milicos, necesitan la muestra de sangre de tu mujer y tu hijo.

- ¿La tengo que ir a dejar al cuartel?- preguntó el hombre moreno

- Sí, y quédate a la reunión, necesito un ojo ahí- dijo seco- tengo que ver en qué se gasta mi plata

- Por supuesto señor Sánchez- asintió "obligadamente humilde" Manuel, mientras salía de la fría oficina.

El viento de Reñaca alto soplaba fuerte, como si lo estuviese empujando, no sabía si a la inercia de la obediencia a su patrón, o a algo más, pero debía mantener su trabajo. Lo sabía.


***


Playa Ancha estaba helado, bueno, como lo es hasta el día de hoy, y a pesar de que el molo lleva el epíteto de "abrigo", no, le hacía honor al nombre.

Eduardo, hombre de mediana estatura, mediana edad, estaba de guardia; en el peor día de la semana, el más frío, el más anodino. Pero así eran las cosas, él pensaba que así siempre han marchado las cosas, con rigurosidad, y trabajo duro, se sube en la marina, más aún en las circunstancias en las que estaba el país.

Se sacó la gorra, para rascarse la cabeza, junto con un gran bostezo de aburrimiento, habían pasado cuatro horas desde que las instalaciones habían cerrado y ya no había ni un alma en el área.

Viéndose solo, Eduardo comenzó a experimentar con sus extrañas habilidades, produciendo pequeñas ascuas que derivaron en dos grandes flamas de fuego desde sus manos, mientras que su cuerpo comenzaba a levitar a unos veinte centímetros del suelo.

- ¡Cortés!- se escuchó desde el estacionamiento

- ¡Para! - ¿Qué?- respondió exaltado- ahh menos mal que eres tú, Cuadra

- Acuérdate que se nos prohibió estrictamente utilizarlos- dijo, Francisco, de similar edad, un poco más robusto que Eduardo

- Estaba solo- respondió serio el hombre que tomaba su gorra- y nadie miraba

- Las cámaras- respondió apuntando al techo- ahí hay una que instalaron luego de la orden del señor Merino - Han cambiado demasiado las cosas, un rojo de mi barrio me dijo que no va para más de tres años- dijo Eduardo

- Y luego hay que esperar que no se filtre que lo sucedido en Achupallas el año pasado- adujó Francisco

-Shh- que alguien puede escuchar respondió rápidamente el cabo Cortés

- ¡Me carga mentir!-dijo el especialista en comunicaciones- y alguien se va a enterar que nosotros hemos tenido que desaparecer a todos esos...


-¡Cállate Francisco!- replicó el cabo, en el momento en que una camioneta se acercaba y detenía

- ¿Cabo Cuadra? ¿Cortés?- dijo un militar que venía en el vehículo

-Afirmativo- replicaron los jóvenes uniformados

- El señor Bernard Cortés los espera en las instalaciones- dijo serio el chico, que no aparentaba más de 25 años- en Salinas está todo preparado.

Sin decir más, ambos hombres se subieron a la camioneta de color negro y partieron, a la tan anunciada reunión, que supondría la evaluación del proyecto.



***


- ¿Tu crees que accederán a que sus hijos sean sometidos al proyecto?- preguntó Bernard sentado desde una esquina de la sala de juntas del recinto militar.

- Si saben lo que es bueno para sus hijos, entenderán- respondió Ana, mientras miraba cabizbaja las baldosas rojas- y si no lo saben a voluntad siempre es fácil de flaquear.

- No quiero que uses tus habilidades con ellos- dijo riendo el hombre de cara apacible- aún no investigamos si hay algún efecto adverso en lo del control mental.

- Como quiera señor Bernard- respondió la muchacha, de apellido Komatsu- ¿Le traigo algo más?

- A Pérez- respondió- no ha vuelto de la misión que le encargamos

- Volví hace media hora- respondió el soldado que estaba custodiando la puerta en el momento que sus músculos faciales cambiaban de posición con rapidez, hasta lograr su posición original: el rostro del hombre de apellido Pérez - son ustedes los que se demoran, ¿o no jefe?

- Basta ya de bromas que la reunión va a empezar- dijo serio el supuesto jefe- ¿Ana? ¿Cómo me vería con barba?

Mientras tanto, en la recepción comenzaban a llegar los sujetos que estaban incluidos en el proyecto. Los jóvenes militares, Francisco y Eduardo eran custodiados por dos soldados, mientras que por otra puerta, ingresaba Manuel, junto con Julio, quien ya estaba en las instalaciones.

- Te veo mal de ánimo Manuel- dijo Julio, estrechando la mano.

- Trabajo- respondió seco el hombre- y depende mucho que yo siga ahí esto...

-¿Esto?- interrumpió Julio- Los informes marcan que tú eres el mejor evaluado, pronto acabará esto para ti

- Disculpa que lo diga, pero... no seas iluso- respondió con mirada fija- puede que yo sea el mejor evaluado, pero... lo que hemos hecho... que Dios nos perdone, porque ni yo consigo hacerlo.

- Cortés, Parra, la reunión va a empezar- dijo Ana, acercándose a ambos muchachos, sonriéndoles de la manera apacible como siempre había hecho las cosas.

Y así, la sala de juntas de la instalación militar se fue llenando con los integrantes del proyecto, sentados en una larga mesa, en la cual, Bernard a la cabecera y Ana a su derecha, presidían la reunión.

- Buenas noches en primer lugar- comenzó Bernard- estamos acá reunidos con el fin de analizar como concluiremos el proyecto Nuevo Ser, en el cual ustedes fueron los exitosos sujetos que fueron mejor evaluados, por lo menos los que quedaron con vida.

- Señor Bernard- interrumpió Ana- fíjese lo que dice

- Tranquila mujer-dijo el tipo de manera sonriente- todos somos adultos responsables de que firmamos y en que nos metemos, ¿estoy en lo cierto?

Las personas ahí reunidas murmuraban unas con otras. Existía un aire de incertidumbre en el aire, por lo que Bernard se esforzaba al máximo para demostrar tranquilidad, él lo sabía, si él caía todo el proyecto se iba a la basura, y muchas cosas se harían públicas, incluso las más sórdidas.
- Julio- dijo el líder- es hora que des tu parte en esto
- Sí señor- respondió- como todos ya sabemos, los límites del cambio en nuestros genes es desconocido, y como dicen las muestras que les pedimos a todos, no han terminado
- ¿A qué se refiere con eso Sr. Cortés?- preguntó la mujer de apellido Parraguez, de mediana estatura, otra integrante de los experimentos
- Me refiero a que el mismo gen mutado que te permite cambiar la consistencia de tu cuerpo a voluntad, puede provocar otras consecuencias no previstas- respondió serio, dirigiéndose a la mujer.
- Por eso, ante cualquier síntoma imprevisto, repórtense conmigo o con Julio- dijo Berta, mujer de Julio, mientras ordenaba los expedientes.
- Te ayudo- dijo Ana
- Gracias- respondió la mujer de pelo largo
-<Berta, Julio, Manuel, escúchenme>-dijo Ana, en sus mentes, utilizando sus habilidades-<se que pueden escucharme, Eduardo, Francisco, ustedes también pueden, y pueden hacer un cambio si desean, respóndanme por favor>
-<Te escucho>- respondió en su mente Julio y Manuel, casi al unísono
-<Te escuchamos todos creo>- replicó Eduardo
-<Entonces, no seamos títeres de nuevo, no hagamos el trabajo sucio de estos asesinos>- dijo Ana, emocionada en sus cabezas-<al salir hay una sorpresa, síganme la corriente y acabaremos con esto>
Todos asintieron, algunos con la mirada, otros con un vehemente sí en sus cabezas. Sí que sólo Ana podía escuchar. Por suerte
Y hubo un gran silencio en la sala, no sólo de sonidos o palabras, sino un silencio espiritual, mental. Como si todos se prepararan psicológicamente para lo que venía, y no era menor, era la decisión que cambiaría sus vidas. Pero no se lo tomaron a la ligera, sabían que no sólo su vida dependía de esto, sino también la de sus futuros hijos, en algunos, o la de las personas que amaban, en otros.
La reunión acabo tras ese incómodo silencio. Bernard dio la salida tras conversar con el Teniente Ramírez, representante del gobierno en la operación. Los hombres y las mujeres coludidos con Ana salieron fingiendo estar tranquilos
En la entrada principal, se vieron cercados por una tropa de más de treinta soldados, con fusil en mano, apuntándolos.
- ¡Salgan de mi camino, soldados!- gritó con ofuscación Bernard, poniéndose a la defensiva entre el teniente y Ana
- ¡Es una orden directa de su superior!-replicó Ramírez, intentando parecer seguro-¡Irán a corte marcial y el mismo general lo sabrá en Santiago!
- No creo que lo escuchen, jefe- dijo Ana, haciéndole un gesto a los soldados, gesto que respondieron como orden, acercándose al militar y a el líder del la organización- chicos, Julio, creo que ya saben qué hacer.
Ese instante que siguió al anterior, pareció haber estado pintado por el comiquero del destino, por lo preciso de los actos. Todos pusieron su habilidad en servicio de algo bueno, una redención a un grupo de buena gente manchada con sangre de inocentes, por miedo, por dinero.
Manuel tomo una viga de acero, y se acercó a Bernard, quien tomo su revólver y disparó, más las balas no dañaron la piel del hombre de Sánchez
- Tú y tu gente me hicieron así - dijo Manuel a Bernard y al militar atándolos con la viga, doblándola como si fuera de papel, haciendo patente su fuerza sobrehumana
Por otro lado, Francisco levanto su mano y apuntó a las cámaras, sus ojos se envolvieron en datos, conectándose con los sistemas eléctricos de las instalaciones, borrando las grabaciones de seguridad y los cercos eléctricos, dejando salir a gran parte de los hombres y mujeres, prisioneros políticos encerrados en aquel lugar.
Pérez, tomó la forma de Ramírez, acercándose a Manuel, quien acababa con la viga, puso una mano sobre el teniente y dijo:
-Vamos, déjame copiar tus recuerdos, creo que el proyecto será cerrado por... digamos un ¿atentado del Mir?, ¿Que les parece, Ana? ¿Julio?
- Perfecto- respondió la mujer, controlando a los jóvenes conscriptos- llévenselos al estacionamiento
- Esto se acaba aquí - dijo Eduardo, elevándose en el aire, por sobre de las instalaciones
-¿Necesitas leña?-preguntó Manuel, levantado dos camionetas del ejército, lanzándolas contra el edificio
- Déjenme ver si hay alguien más dentro- dijo un chico, que estuvo con ellos, que en un instante corrió adentro, reviso todas los cuartos de la gran instalación y salió- no hay nadie
-Procedamos- dijo Francisco alejándose del lugar
- No dejemos pruebas- dijo Julio, lanzando los expedientes dentro de uno de los autos que lanzó Manuel
-¿Ya?-preguntó Eduardo, desde las alturas
-<Ya>-dijo Ana en su mente
Al instante, el joven marino envolvió en llamas el edificio, haciendo estallar todo el lugar, a causa de la gasolina ahí puesta, de manera estratégica por Francisco. No quedaba huella del proyecto nuevo ser, era historia, o mejor aún: no lo era


***

-¿Y ahora qué?- preguntó el de la inteligencia sobrehumana
- No se Julio- respondió Manuel, limpiándose las manos
- Yo si sé-dijo Ana- esta no era la única instalación, lo averigüé la semana pasada
-Yo lo vi en los recuerdos de Ramírez- dijo Pérez, en la forma del militar calcinado- hay más instalaciones y mas sujetos experimentales como nosotros
-Pero también sé que sólo Bernard y el milico las conocían- dijo Ana, poniéndose un abrigo rojo que llevaba en las manos- sólo lo sabemos nosotros
- Eso es peligroso- dijo Francisco- piensen que si hay más instalaciones, pueden haber más como nosotros, hay que detenerlos
-No- dijo Berta- tengo una familia en camino y no los arriesgaré
- Desaparezcamos- dijo Manuel- volvamos a nuestras vidas antes de que conociésemos a Bernard
- Y los... ¿poderes?- dijo Eduardo- que haremos si se manifiestan
- Las habilidades son representaciones psicogenéticas de tensión en situaciones difíciles- dijo Julio- en cualquier momento se manifestarán aunque no quiéranos
-Psico algo dijiste ¿cierto?-interrumpió Ana- si vienen del cerebro puedo controlarlas, contenerlas
-¿Puedes hacer eso?- dijo el "nuevo Teniente Ramírez"
- No si no la ayudo- dijo Eduardo-recuerden que puedo potenciar sus habilidades, ya lo he hecho
Eduardo puso sus manos en la sien de Ana, la que en ese instante cerró los ojos, concentrándose en la neurona desconocida, alterada genéticamente, para bloquearla, para evitar el uso de estas armas tan peligrosas para el mundo que habían significado estas habilidades
El fuego aun no se apagaba. Las llamas limpiaban todo como de costumbre, tal como sabían hacerlo. Y como en el futuro sabrán hacer. Los hombres y mujeres ahí reunidos, decidieron no perder el contacto, para saber si los efectos secundarios, explicados por Julio se hacían patentes.
El frío empezaba, a pesar de que para el país era una época intensa, así era, hace más de veinte años...


***

miércoles, 28 de enero de 2009

“El chico que se niega a morir”


21

Hacía frío, y aparte estaba completamente acabado luego del entrenamiento; Damián no sabía que era o que la había pasado al entrenador, pero a su parecer se le había pasado la mano… quizás frente a la inminencia del campeonato nacional.
El chico tomó su bolso y salió de los vestidores, despidiéndose de todos sus compañeros del equipo de remo. Era hora de salida, todos volvían a sus hogares, incluido él.
- ¿Alo?- contestó Damián su celular
- >¿Damián?(estática), soy yo tu hermano<- se escucho del otro lado de la línea
- ¿Cristóbal?- dijo extrañado el chico- se escucha pésimo
- >Es que estoy un tanto… alto<- respondió su hermano
- Ah, entiendo- dijo Damián- ¿qué pasa?
- >Apúrate, voy llegando al Miramar<- dijo serio su hermano- y llama a los otros
- ¿Y pa’ qué?- inquirió extrañado el chico espigado
- >Porque… (estática)… estamos en peli… (estática)<- alcanzó a decir Cristóbal antes que se cortara la comunicación
- ¿Alo, alo?- dijo Damián, antes de guardar su teléfono celular

Hoy, ni su madre ni su hermano lo vendrían a buscar, estaban evidentemente muy ocupados hoy. Se tendría que ir a pie. Era un tanto largo el viaje, pero tenía que pagar el haber olvidado su billetera.
Caminó un poco y noto algo extraño; no estaba solo, lo estaban siguiendo. Una camioneta negra como la que vio aquella mañana, le seguía los pasos desde hace unos cinco minutos, desde un cruce en el camino.
Aceleró un poco los pasos hasta que en un paradero encontró un colectivo parado, esperando pasajeros. La camioneta se detuvo.
Tras convencer al colectivero que le pagaría al llegar a su destino partieron. La camioneta negra aceleró hasta quedar al lado del vehículo, Damián no podía contemplar el rostro de su persecutor, pero suponía la identidad. Los rostros de la gente aquella mañana había que dado grabada en su memoria.
- Pareces ser una buena persona- dijo el conductor
- ¿Perdón? – dijo extrañado Damián
- Sí, te digo- respondió- pero esos tipos pagan bien, y tengo una familia que mantener…
- ¿Qué?- alcanzó a decir cuando noto que la camioneta negra había cerrado el camino, y el colectivo estaba bajando la velocidad.
Damián se sintió encerrado. Por un lado el vehículo y por otro… ellos. No sabía qué hacer ni que decir, solo una loca idea pasó por su mente. Con el pie, pisó fuertemente el acelerador del vehículo, haciendo que se estrellara violentamente contra la camioneta negra, causando una gran explosión…
De entre el fuego y los fierros retorcidos, salió Damián, envuelto en llamas, con su cuerpo calcinándose poco a poco. Se lanzó al suelo, apagando las llamas, para que su extraña habilidad hiciese lo suyo… y lo hizo, con cada vez más rapidez, se regeneraron todas las heridas y quemaduras. Con un grito de dolor, se sacó un fierro que tenía enterrado en el brazo izquierdo, enderezó su pierna quebrada, con más dolor aun y viéndose bien, comenzó a caminar.
Estaba exhausto. El dolor al cabo de media hora había acabado, ahora sólo era cansancio. Estos ataques eran cada vez peores y ya estaba harto. Sacó su teléfono celular para llamar a su hermano y notó que estaba completamente calcinado, lo botó y continuó su camino.
En otra esquina, encontró una camioneta igual a la anterior. En el momento que estuvo al alcance visual de ellos, partieron en su persecución… nuevamente
Damián comenzó a correr despavorido por la carretera, sintiendo las balas en su espalda, hasta que una impactó su pierna izquierda, haciéndolo caer.
- Sé que eso no te matará- dijo una voz cerca de él- ya lo hize una vez ¿Recuerdas? Eres el chico que se niega a morir
- Obvio- dijo Damián asustado, notando que estaba rodeado de esos soldados que ellos tenían
- Yo no soy tan suave como Bernard- dijo el tipo- no pregunto si vas por las buenas o por las malas, ¡Ponte de pie!
- Está bien- dijo resignado el chico, notando que su pierna ya estaba sana y la bala en el suelo
Caminaron hacia la camioneta negra, cuando de repente, aparecieron tres personas de la nada, eran Anthony, su hermana Belén y un tipo que Damián no conocía
- El del medio y el de la izquierda tienen un 73% de probabilidades de disparar con éxito, el resto menos de un 25%- dijo el joven que estaba junto a Anthony
- Gracias Cuadra- dijo, antes de hacer un gesto con la mano, haciendo volar a los soldados que Francisco, su amigo le había indicado- Damián, ven
- Apúrense, vienen más- dijo Belén, viendo que bajaban más soldados desde otra camioneta
- Si lanzas la camioneta vacía en un ángulo de 35 no habrá explosión inmediatamente, lánzala así mejor Bily- aconsejó Francisco
- ¿Cómo puede saber eso Bily?- preguntó extrañado Damián
- El sabe lo que dice- respondió Anthony, mientras lanzaba la camioneta con la mente- y es de los buenos, eso es todo lo que necesitas saber
En ese momento, la camioneta cayó de cabeza sobre la otra con gran estruendo, pero sin explosión inmediata, tal y como Francisco había calculado. Los soldados poco a poco estaban siendo neutralizados por Anthony, quien por lo visto, había estado practicando.
- ¿Quién es él?- pregunto Damián
- Damián- Cuadra, Cuadra- Damián – dijo Anthony mirando a sus amigos- suficiente presentación
- Sí, vámonos- dijo Belén- yo les doy… digamos un aventón, todos tóquenme el hombro
- A ver…- dijo Cuadra cerrando los ojos- 100% de llegar con éxito
- Ok vamos- dijo Belén sonriendo
En ese instante, desaparecieron del lugar instantáneamente. Estaban siendo teletransportados por la habilidad de Belén. Seguramente ya estaban a salvo. Por ahora al menos.
Aquella calle permaneció en silencio por unos instantes, sólo se escuchaban los gemidos de los soldados, acribillados por fracturas y azotones. Los chicos habían triunfado esta vez, pero quizás mañana no pasaría lo mismo.
Las dos camionetas impactadas, luego de unos minutos hicieron explosión, haciendo que el lugar quedara envuelto en llamas. Las cuales nunca habían significado algo bueno.

***

martes, 6 de enero de 2009

"Atrapame si puedes"


20


Había pasado un tiempo desde que supieron algo, desde la junta, la vez que los chicos fueron atacados por ellos. Sean quienes hayan sido no venían con buenas intenciones.
Eduardo se encontraba en la casa de Cristóbal y Damián, por lo menos durante fin de semana. Su familia se encontraba de viaje, un repentino viaje. El chico había encontrado una nota sobre la mesa, que decía:"Nos vamos para el sur, volvemos pronto. Mamá". Estaba solo de nuevo.

- ¿No hay sabio na del Bily o del Parra?- preguntó Cristóbal sentado frente al computador
- No- respondió brevemente Eduardo- lo llamé y nadie respondió
- ¿A quién llamaste?- preguntó Cristóbal dándose vuelta
- A los dos- respondió- el cel del Parra suena como que no esta en servicio, el del Billy no contesta
- Mmm, que lata- dijo Cristóbal poco satisfecho- son días raros, ¿no crees Chino?
- ¿Por qué lo dices?- inquirió el otro chico levantándose del sofá donde estaba
- El ataque en la casa del Bily, estos poderes, la muerte de tu hermano…- respondió cerrando la cortina- ¿No habrá una relación entre todo esto?
- Lo había pensado- dijo Eduardo-, pero…
- Calmao’- interrumpió Cristóbal- llegó alguien, parece que mi Papá

Y estaba en lo cierto. Desde un automóvil blanco bajaba Julio Cortés, dejando a un individuo dentro del vehículo, entro a la casa. La noche seguía fría, al menos en ese aspecto, nada había cambiado, entre tantos cambios que sucedían en las narices de estos jóvenes, pero eso no era todo, algo venía, algo grande.

Julio sacó unos archivos de un closet, dejándolos en un bolso que el traía. Mientras tanto los chicos bajaron a recibirlo, cuando de repente sonó el teléfono de Julio.

- ¿Aló?- dijo el hombre contestando el celular
- Saludemos a tu viej…- alcanzo a decir Eduardo, antes que Cristóbal lo detuviera
- Shh- dijo Cristóbal- escóndete
- Ya- dijo Julio- transfieran a los individuos al Sector 2 del muelle Barón, acabo de dejar prisionero a Salvador… ¿Quién me dices?, el de lentes… invisibilidad… me reporto en una hora, bye.

En el momento que el padre de Cristóbal corto la comunicación, los rostros de Eduardo y del chico de melena eran de estupefacción. ¿Salvador?, ¿Prisioneros?
Los dos jóvenes, subieron lentamente a la habitación de Cristóbal, cerrando la puerta.

- ¿Escu-chaste bien?- dijo Eduardo, dubitativo
- Habló de prisioneros- dijo serió Cristóbal- el Salva y…
- Otros con poderes- completó Eduardo
- Exacto- respondió-quizás los están tomando a todos, quizás eso era lo que querían en la casa del Bily
- Pero tu Papa… ¿Involucrado en esto?- pregunto Eduardo, sentado en la cama de la habitación

Y se quedaron en silencio. Ese silencio sepulcral que solo se siente en los peores momentos, como cuando va a empezar un huracán. El silencio fue de tenido por una ráfaga de metralla que hizo añicos la puerta

- ¡Alto el fuego, imbéciles!- gritó Julio- no queremos herirlos, uno es mi hijo
- ¿Papá?- dijo asustadísimo Cristóbal, mientras Eduardo se lanzaba al otro lado de la cama
- Les aseguro que no saldrán heridos- dijo el padre del chico, extendiendo la mano
- ¿A dónde nos quieres llevar?- grito Eduardo, saliendo de su escondite
- A ti, a ningún lado Eduardo- respondió Julio- no nos eres útil, sáquenlo muchachos
- Alto- dijo Cristóbal, interponiéndose entre los soldados y su amigo- voy, por mi propia cuenta, pero a él no le hagan daño, por el amor de Dios.
- Misericordioso, igual a tu madre- dijo guiñado una sonrisa- siempre supe que serías un gran hombre hijo, que estarías por sobre los demás
- ¿Por lo de volar dices?- preguntó Cristóbal, acercándose a la ventana, mirando de reojo un trozo de madera y a Eduardo. El asintió, había entendido el plan.
- No sólo por eso hijo- respondió- volar, se te fue entregado; pero la grandeza… hijo, eso lo llevas en la sangre
- ¿Puedo hacer una pregunta, Papá?-dijo Cristóbal, ganando tiempo
- Si, dime- respondió Julio
- Donde me quieres llevar, ¿ ahí está también el Salva, la Mamá del Parra y al Ángelo?
- Por eso digo que eres un genio- respondió riendo- sí, ahí están donde tu iras también
- Entonces- dijo Cristóbal, mirando a su amigo- atrápame si puedes…

Tras esa señal, Eduardo golpeó con fuerza a uno de los soldados, haciéndolo perder balance, en el mismo instante Cristóbal se elevó sobre el suelo, dando una embestida voladora, que lanzó a su padre y los soldados al suelo.

- ¡Ahora!- gritó Eduardo, abriendo la ventana
- Vamos- respondió Cristóbal, que sin tocar el suelo tomó a Eduardo, volando por el aire, fuera de la casa, perdiéndose entre el nublado cielo de Curauma.
Julio logró levantarse, más los chicos ya habían huido. Permaneció unos tantos segundos mirando el cielo, hasta que un soldado le pasó un teléfono celular, era Bernard.

- Habla Cortés
- >¿Mordieron el anzuelo?<- pregunto Bernard, el tipo de barba, del otro lado de la línea
- Sí- respondió- de seguro irán a buscar a Damián, y luego al muelle
- >Buen trabajo Julio<- dijo Bernard-> que los soldado limpien el aérea, eliminen testigos y vuelvan a las instalaciones<
- Entendido, bye- asintió, acabando la conversación
Los soldados recibieron la orden, comenzando raudamente a reparar el sitio, de tal manera, que al cabo de unas horas parecía que nada hubiese pasado. Tan eficientes que no quedaron huellas, testigos o vecinos…La noche, ahora estaba un poco más cálida. Quizás la metralla, la acción, quizás… Pero de seguro que todo seguiría cambiando. Para bien o para mal, eso, solo Dios lo sabía.
***

martes, 13 de mayo de 2008

Revelaciones (segunda parte)

19

El viento arreciaba indolente. No como caricia, sino como latigazos de inseguridad y miedo de perder un ser querido. En otras palabras, una gélida tortura.
Los dos chicos caminaron apresuradamente desde el paradero hacia su destino. Daniel sabía que algo malo estaba pasando, lo había visto en sus visiones. Lo único que pensaba en este momento era encontrara a su amigo en casa, y que todo fuere un error, un agradable error.
Sebastián se acercó a la puerta de la entrada. Estaba abierta. La expresión del rostro del robusto varón cambió nuevamente al ver la situación. No había nadie en casa. Más, estaba todo revuelto, como si alguien hubiese estado buscando algo. Quizás…
- ¡Que mierda pasó acá hueón!- dijo Daniel al entrar
- Nada bueno- respondió sin expresión el otro chico- ¡Salva! ¿Alo? ¿hay alguien?
- Nadie hueón- respondió su amigo entrando a una habitación contigua
Ambos muchachos recorrieron las habitaciones de la casa sin encontrar un alma que los acogiese. Sólo encontraban las cosas revueltas, los cajones afuera. Sebastián se dirigió directamente al cuarto de Salvador, a ver si encontraba algo… Daniel lo siguió, pensando que, con su habilidad podría, hallarlo.
Sebastián halló algo que lo inquietó. El computador estaba encendido. En el monitor del aparato estaba la imagen “Ingrese su clave”, la cual Sebastián descubrió por casualidad la ultima vez que estuvo aquí. Mientras Daniel revisaba el cajón de un armario, donde sabía que Salvador guardaba las películas y las fotos que iba sacando. El mayor poder que tenían en este momento, era lo mucho que conocían a su amigo.
Daniel, de pronto, volvió a caer, siendo presa de otra visión. Esta ocasión, “Mojo” vio a cuatro hombres en esta misma habitación, quienes revisaban el lugar rezongando ya que “no la hallaban”. Luego de esto despertó. Sebastián, esta vez no se alarmó como la ocasión anterior. Pues ya sabía que nada malo le estaba sucediendo a su amigo. Él, solo se dedico a revisar el computador, buscando algo… lo que finalmente halló.
- Tengo algo- dijo Sebastián, al ver que Daniel despertaba
- ¿Ah?- dijo el otro chico, moviendo la cabeza para despertarse- ¿Qué encontraste?
- Conversaciones del MSN- respondió Sebastián moviendo el monitor hacia Daniel.
- Es con el Parra- dijo tras leer- ¿Y qué tiene de especial?
- Lee hasta el final po’ hueón- agregó “Mole”
- La pleno centro…- murmuró Daniel, pensando, refregándose los ojos.
- Igual el Parra anda terrible raro…- dijo Sebastián, con la misma expresión pensativa que su amigo.
Los dos muchachos echaron a volar su imaginación. Por sus mentes pasaron las más inusitadas teorías, hasta que tomaron la decisión más acertada. Darle una visita a Felipe.
Daniel seguía tratando de recordar quien eran las personas que vio en su visión. Una de las caras le era familiar, estaba seguro que lo había visto antes, no recordaba donde, pero lo conocía. Lo podía jurar.
El tránsito por las calles de Viña del Mar era escaso. Ya pocas personas quedaban deambulando por ahí. Sólo los dos muchachos, en extraño viaje, se dirigían a la calle por donde las pistas los guiaban, la casa de Felipe.
Como era de costumbre, no llamaron ni esperaron que saliese alguien. La confianza que existía en el grupo, los hacía simplemente entrar. No se escuchaba ni un alma en el patio, ni siquiera el perro les ladro cuando los vio entrar. Todo estaba inmerso en un crudo silencio.
Felipe estaba ahí sacando unos bolsos al patio cuando los vio llegar, su aspecto se veía cansado, como si no hubiese dormido. Los miró casi asustado, dejando uno de los bolsos en el suelo.
- Wena cabros ¿que tal?- saludó algo indiferente
- Hola po’ Parrita- respondió Daniel, algo inquieto
- Wena- respondió algo serio Sebastián, a quien en su cabeza le rondaba la idea de que algo andaba mal con Felipe. Se estaba comportando extraño desde el funeral de Mauricio.
- ¿Y en que andan’- preguntó el chico de lentes- a esta hora
- Pasábamos por acá- respondió Daniel- y entramos po’ hueón
- Pa’ saber sobre tu vieja- agregó Sebastián, encontrando la perfecta excusa para sacar información.
- Ahí pues- dijo haciéndolos entrar a la casa- en lo mismo no he sabido nada, y los pacos tampoco
- Pero…- dijo Daniel algo dubitativo- ¿Vas a seguir intentando?
- Mmm…- dijo Felipe levantándose del sillón- haré cualquier cosa por recuperarla
Sebastián, en ese momento, notó lo demacrado que estaba su amigo. Por las ojeras, los ojos hinchados y por la manera violenta con la que hablaba. Rasgo, poco común en al conducta de su amigo.
Felipe se paró y se apoyo en la mesa del comedor. Daniel noto que algo escribía en un taco de papel blanco, algo que desde esa distancia no podía leer. Luego de eso, el dueño de casa camino hacia la habitación del fondo, donde permaneció por un largo rato.
Los dos muchachos quedaron ahí, sin pistas sobre Salvador, y sin una respuesta a las dudas de Sebastián en respecto a la conducta de Felipe. No tenían nada.
Daniel se levantó y fue hacia la habitación. Donde estaba su amigo. El cuadro que vio ahí fue tétrico.
- Hazlo de una vez por todas- dijo Felipe, mirándose al espejo
- Pero ellos no aseguraron nada sobre mi madre- se respondió a sí mismo
- Aprovecha, llegaron solitos a nuestra casa- dijo Felipe, sonriendo, con un toco algo rasposo.
- Pero…- gruñó el chico de la fuerza, agarrándose la cabeza con ambas manos- tienen las fotos
- Con más razón aun- se respondió nuevamente, en ese diálogo demente.
- Parra- dijo Daniel- ¿Qué onda?
- Ah?- dijo Felipe, notando la presencia de Daniel- ¿Quieres saber por que?
Felipe se acercó al chico de las visiones, tomándolo por el cuello y lanzándolo contra el espejo, quebrándolo en mil pedazos. Sebastián, al escuchar el ruido corrió hacía el cuarto y vio el imprevisto espectáculo.
- ¿Quieres saber por qué Felipe lo hizo? ¿Por qué me necesita?- preguntó Felipe, refiriéndose a él en tercera persona; en el momento que tomaba una mano de Daniel y la ponía sobre su cara.
En ese instante, Daniel desfalleció en otra de sus visiones. Al tocar el rostro de su amigo, sintió una gran amargura, en la que vio como dos tipos tomaban a la madre de Felipe, apuntándola con una pistola. Luego vio Natalia y mucho fuego, mucha presión. Su mente no resistió la presión de aquellas visiones y Daniel, cayó inconciente.
Sebastián, desde la entrada de la habitación, alargó su brazo hasta Felipe golpeándolo de improviso, haciéndolo caer sobre Daniel. Luego, enroscó su brazo y parte de su cuerpo apretando a Felipe, quien seguía anonadado por la imprevista habilidad de Sebastián. Felipe tras forcejear un poco con su flexible amigo, se zafó de la captura y lo lanzó contra la muralla, haciéndola caer y pasar al otro lado, al patio.
- ¿Ahora tienen las respuestas que buscaban?- le gritó Felipe a la cara, acercándose al que estaba en el suelo, entre escombros.
Felipe se acercó a Sebastián y le lanzó el papel, ese que había escrito mientras conversaban, después de eso, le asesto un golpe en la cabeza tal, que le apagó las luces.
El chico agresor tomó una chaqueta y salió de la derrumbada casa. En el suelo había un pequeño pedazo de cristal roto, en donde vio su imagen, la de vista agresiva, llena de maldad en los ojos.
- No seré esclavo de nadie- dijo encendiendo un cigarro, rompiendo el cristal con el pie.
La noche se estaba cerrando de oscura y nublada. A duras penas se asomaba la luna menguante, como si temiese de lo sucedido. El frío se incrementaba, haciéndose frías púas que rajaban la piel y la carne, con el escozor propio de una tumba. Afuera un auto continuaba su marcha, luego de haber estado detenido ahí, por un largo lapso de tiempo. Los chicos no habían estado solos.

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miércoles, 7 de mayo de 2008

Revelaciones (primera parte)

18

Los días calurosos lentamente estaban siendo parte del pasado, las tardes viñamarinas se estaban convirtiendo lentamente en gélidas etapas del día. Los dos hombres altos, amigos en toda ley, transitaban sin rumbo definido por la avenida Valparaíso, buscando algo que hacer, se habían juntado sin razón aparente. Más, el destino diría lo contrario.
Sebastián, conocido por sus amigos como "Mole" y Daniel, llamado "Mojo" por sus símiles, debido a dos personajes de televisión, se pararon frente un aparador, para encender un cigarrillo, para luego proseguir su ruta, en el caso que tuviesen una.
- Hueón, ta`empezando a hacer frío, ¿o es idea mía?- dijo Daniel, frotando sus brazos descubiertos con sus manos
- No seai`nenaza- respondió Sebastián- aparte ni frío hace.
- Ah, hueón- dijo Daniel, interrumpiendo- ¿acompáñame a comprar una hueá pal' pc acá a la vuelta?
- ¿Dónde?- preguntó El chico que llevaba el pelo tomado.
- Acá en la pleno centro- respondió Daniel
- Vamos- sentenció, Sebastián dándole otra aspirada al cigarrillo. Ambos chicos caminaron el resto que les quedaba de camino en completo silencio. No se esos silencios crueles, duros, sino un silencio limpio, en el que dos o más personas que se conocen tanto, no tienen necesidad de expresarse para decir algo, algo así como, todo esta dicho.
Doblaron para entrar a la galería, cuando Daniel, de sobre salto gritó algo que al principio Sebastián no entendió.
- ¿¡Qué hueá!?- le dijo asustado Sebastián.
- ¡La cámara del Salva!- respondió acercándose al objeto.
- A ver...- dijo más calmado y no menos extrañado su amigo.
- Es...- dijo, mientras tomaba la cámara, en el momento que daba un grito aterrador, entrando en un trance que lo desplomó contra el piso...
Daniel, en su inconciencia, vio imágenes que iban y venían, repitiéndose cada vez a mayor velocidad, hasta parecerle una montaña rusa, vertiginosa y violenta, que lo mandó de un grito a la realidad.

- ¡Mojo! hueón, despierta- gritaba con voz semi cortada Sebastián, con su amigo recostado en una banca del lugar
- Ahh, mi cabeza- decía Daniel, que despertaba de su extraño trance- Deja que me levante, tenemos que ayudar al Salva.
- ¿Qué?- inquirió extrañado el muchacho macizo- ¿Tuviste otra...?
- Visión- respondió interrumpiendo, viendo la dubitativa de Sebastián- En el momento que toqué la cámara del Salva, pude ver las últimas cosas que él vivió
- Extraño- dijo Sebastián, mientras se sentaba- pero ¿qué fue eso que viste?
- La casa del salva- dijo Daniel- eso fue lo primero que vi
- Vamos para allá po'-respondió Mole, quien se levantaba tomando la cámara de Salvador, guardándola en su mochila.

Como si el diablo los persiguiese, los dos jóvenes casi corrieron por las calles de Viña, espantados por lo sucedido. Ambos tenían el extraño presentimiento de que algo andaba mal... Y eso que el de las percepciones extrasensoriales era Daniel.
Tomaron el primer microbús que pasó en dirección a la casa de Salvador, nuevamente en un estricto silencio. Daniel, con su vista clavada en el techo, pensaba en lo que había visto, y en como durante las ultimas semanas había sido atacado constantemente por estas visiones. Cuando Abrazaba a alguien, cunado tocaba algo. O peor aun, mientras dormía.
Sebastián, en tanto, revisaba la cámara de Salvador. En ella detectó que había sólo tres fotografías tomadas, y que el resto del rollo estaba sin usar. Un millón de pensamientos pasaron por su mente. En que le había pasado a su amigo, a quien sólo lo había visto hace una semana.
La noche caía por completo, los dos muchachos no sabían si lo que hacían era cierto o parte de una película de ficción, lo peor era que no era ficción, para nada

(Continuará...)